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Restaurador ecológico, la profesión de los "fanáticos de la naturaleza"

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Fuente: BC Ciencia | Sábado, 13 de julio de 2013

Con la misma dedicación que unos emplean para restaurar muebles o cuadros, estos apasionados buscan restaurar ecosistemas dañados por la acción del hombre.

Cuando Fadi Naguib Faraq sale a hacer trabajo de campo en México, está a medio camino entre un detective y un explorador. Su equipo básico bien podría ser el de Indiana Jones: un machete al cinturón, mapas, una bolsa de yute a la espalda y un bastón grande para defenderse de las serpientes venenosas.
Pero a diferencia de Jones, Fadi carga en su mochila “una veintena de árboles de distintas especies” y en el bolsillo “una mezcla de semillas de crecimiento rápido”.
Tampoco trabaja solo.
“Somos literalmente un grupo de fanáticos apasionados de la naturaleza”, dice para describir a quienes, como él, trabajan en restauración ecológica.
Esta rama de la ecología busca alterar intencionalmente las condiciones ambientales de un hábitat deteriorado para restablecer un ecosistema natural e histórico.
Uno de sus pioneros fue el científico ecologista estadounidense Aldo Leopold (1887–1948), que tuvo una gran influencia en el desarrollo de la ética medioambiental moderna.

Profesionales de la imitación  
Igual que otros restauran cuadros, murales, muebles o edificios, Fadi y sus compañeros tratan de imitar a la naturaleza.
“No hay ninguna profesión que defina al restaurador”, comenta, antes de explicar que trabaja con geógrafos, biólogos, ornitólogos, informáticos y arquitectos del paisaje.
El mismo Fadi viene de otro mundo: estudió comercio internacional y mercadotecnia y hasta hace apenas dos años trabajaba en ventas para una empresa de azulejos en España.
“Mis metas eran cifras, tenía unas metas desencarnadas, que cuanto más ceros tenían más bonitas las veían”.
Así, hasta que hizo una venta sustancial que le sacudió la conciencia, le hizo “cambiar el chip” y buscar reencontrarse con la naturaleza que tanto había disfrutado en su infancia.
Fue así como Fadi Naguib Faraq acabó aplicando las leyes de la mercadotecnia a la promoción del medio ambiente, como encargado de vinculación en la ONG Pronatura Veracruz, que forma parte de una red de seis asociaciones que trabajan en restauración ecológica en la región del Golfo de México.

Naturaleza sabia
La restauración ecológica está basada en la premisa de que la naturaleza es sabia y puede regenerarse.
Ese es un proceso que tiene lugar normalmente de manera natural, sin interferencia del ser humano.
“Pero nosotros podemos impulsarla”, le dijo a BBC Mundo.
“En 200 años un bosque se puede recuperar naturalmente. ¿Pero cómo vamos a hacer si no tenemos 200 años para enfrentar los retos del cambio climático y de la escasez de los recursos naturales?”.
“Lo que nosotros hacemos es reducir un ciclo de 200 años a una estimación de 30 a 50 años para la restauración de un bosque secundario”, resumió.
Para lograrlo, los restauradores deben estudiar el terreno y los ecosistemas históricos deteriorados. Examinan mapas y fotografías, y fusionan técnicas académicas o científicas con conocimientos tradicionales.
“Hacemos la restauración ecológica siempre tomando un ejemplo: tenemos un modelo al lado, nuestra referencia inmediata es un bosque conservado”, explicó.
“A veces nos sentamos con indígenas de la sierra que nos dicen por ejemplo “vengan a ver cómo se comporta el bosque después de que se muera un árbol padre”, comenta.

“Burbujeando de vida”
Para imitar a la naturaleza los restauradores ecológicos utilizan una combinación de técnicas que van adaptando a cada proyecto.
La reforestación es sólo una de ellas, probablemente la más conocida y también “la más costosa”, dice Fadi.
Otras técnicas son el trasplante de suelos “saludables”, la lluvia de semillas, la nucleación, con la que se crean núcleos de plantas con un estímulo específico para el crecimiento, la creación de madrigueras artificiales para los animales y de “perchas” artificiales sobre las que posan las aves.
“Tenemos ejemplos en Brasil y en Colombia, donde se han implementado estas técnicas desde el siglo pasado”, dijo Fadi.
Según el restaurador, para un terreno de 10 hectáreas (unos 100.000 metros cuadrados), la ejecución de la restauración se puede hacer en un año, e incluye la limpieza de especies invasoras y la preparación del suelo para la siembra.
Una vez ejecutado el plan de restauración se hace un mantenimiento durante dos años y paralelamente se empieza a monitorear la diversidad, para obtener bioindicadores. Ese período de monitoreo dura por lo general cinco años en total.
“Todo este trabajo se resume al fin y al cabo en unas gráficas, con una curva. Y despendiendo de la inclinación de esa curva sabemos si vamos o no hacia un aumento de la biodiversidad en el terreno”, resumió Fadi.
Y tras dos años de biomonitoreo normalmente “ya regresamos a lo que es casi un bosque, con muchos árboles adolescentes, que miden 4,5, o 7 metros”, describió Fadi.
“Ya está literalmente burbujeando de vida. Hay pájaros por todas partes y mamíferos”.
Y como ejemplo, Fadi contó con emoción cómo acaba de observar en una zona donde no se registraba ningún venado desde hacía unos 10 años marcas de cuernos y dientes de ciervos en los troncos de los árboles.
“A pesar de que están amenazando a nuestros árboles nos da mucha ternura que estén regresando”, bromeó.

Y… ¿Cuánto cuesta restaurar un bosque?
Restaurar una hectárea de bosque puede costar hasta 25.000 dólares.
Ese precio cubriría los trabajos de mantenimiento y monitoreo durante dos años de un terreno de 10.000 metros, aproximadamente un campo de fútbol grande (de 115x85m).
Obviamente ese precio no está al alcance de cualquiera.
De hecho durante los últimos 20 años el 95% de los proyectos realizados por Pronatura Veracruz dependieron de fondos públicos estadounidenses: financiación para la conservación del medio ambiente en Norteamérica, incluido Canadá y México, que se desprendía de leyes de protección ambiental.
Pero ante la proliferación de competidores y la disminución del presupuesto estadounidense muchas organizaciones que se dedican a la restauración ecológica en el continente están tratando de diversificar su clientela.
En el caso de Pronatura Veracruz “los últimos nichos de mercado son las empresas que destruyen el medio ambiente, que ahora tienen una obligación legal de compensar los daños”, explicó.
“Si construyes una carretera, tienes que compensar, si construyes un centro comercial, tienes que compensar”, agregó, por ejemplo “restaurando x hectáreas del ecosistema manglar”.


Autor
Claudio Jose Minoldo

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