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¿Quién dice que las abuelas y abuelos deben quedarse en casa?

Un nuevo taller de actividades físicas y recreativas, impulsado por el municipio de Colonia Caroya, funciona cada miércoles en la Casa del Bicentenario.

“No hacía este tipo de actividades…ahora espero que sigan en el tiempo”, largó Carolina Villanueva, a sus 76 años, mientras se aprestaba a iniciar el nuevo taller ‘Encuentros en Movimiento’. La propuesta de actividades psico-físicas y recreativas realizadas en la Casa de la Historia y la Cultura del Bicentenario de Colonia Caroya, por iniciativa municipal, reunió a una veintena de adultos, mayores de 60 años. Coordinados por el doctor Carlos Hugo Farías, los participantes dejaron un mensaje: “Todos podemos”.
Poco antes de las 16 del miércoles Villanueva esperaba ansiosa el inicio de la actividad. La mujer explicó que fue su nieta quien la acercó y enseguida se entusiasmó con la idea de “juntarse con otras personas de la misma edad”. Buscarse, reunirse, hacerse compañía, compartir (vivencias, preocupaciones, soluciones, angustias y alegrías) son líneas que guían el espíritu que enmarca el proyecto.
“No había muchos lugares para hacer este tipo de actividad física”, dijo la mujer, con alegría por este nuevo espacio que se abre en la zona del Lote XI. Lo más destacable del taller, apuntó Villanueva, pasa por “aprender a estar mejor y así no enfermarse”. “Vamos a salir a caminar, por ejemplo, y eso es muy bueno.”

Sentir la vida  
“Queremos cambiar el paradigma que dice que la vejez es sinónimo de pasividad o de aislamiento”, señaló Nancy Carrizo, de Promoción Humana y Social de la Oficina de Vejez. La apuesta de esta dependencia municipal apunta a crear “espacios saludables”, donde se puedan ofrecer alternativas para que frente al tiempo libre estos vecinos “se puedan sentir vitales”. La técnica municipal remarcó que se trabaja desde un enfoque integral que contempla lo “biológico, psicológico y social”.
Desde la misma dependencia, Elizabeth Viel destacó que a partir de este espacio de encuentro “van a ir surgiendo otras inquietudes”, y se podrá potenciar al proyecto como “espacio de placer y de deseos” del colectivo.
Como plan inicial, el programa no busca limitarse a que los asistentes sólo realicen actividad física sino que también “pueden hacer paseos, salidas, ver una película, festejar cumpleaños”, punteó el doctor Carlos Hugo Farías, quien encabezó el taller. Al igual que sus compañeras de trabajo, Farías insistió en que “lo principal es encontrar un espacio para gente que, tal vez está sola o no, pero no tiene qué hacer”. A partir de ese punto inicial, “podemos desde hacer gimnasia hasta hablar de nutrición”, ejemplificó.

Irse con una sonrisa 
Pasadas las 16 largó la clase. Carolina Villanueva y sus compañeras (las mujeres fueron mayoría) y compañeros escuchaban desde las sillas al doctor Farías. No tardaron más de cinco minutos y todas y todos estaban de pie, agitando sus brazos, moviendo sus piernas, al ritmo que marcaba el profesor. Las brazadas iban de un lado a otro. El trote en el lugar tomaba poco a poco velocidad. Los cuerpos entraban en calor. Luego, una pausa. Respiración profunda. “Hagan este tipo de práctica de respirar cada mañana y después cuéntenme cómo se sienten”, desafió Farías.
Las caras de concentración se mezclaban con leves sonrisas. Y algunos rostros de sana agitación.  “La idea es que hagamos lo que el cuerpo permita. Venimos acá para irnos mejor de cómo vinimos”, planteó Farías. La clase en marcha. El aula llena de vida.
Claudio Jose Minoldo

Claudio Jose Minoldo

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