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El nuevo diario de Yrigoyen

La escritura del diario hoy es colectiva y funciona a través de redes sociales.

Algunos políticos aseguran que van a las redes sociales en busca del consenso, del afecto, de la palabra de aliento. Porque gobernar es cosa dura, desgastante, y uno se ve expuesto a las mañas de la política que termina enfermando a muchas personas.
Pero si solamente acudimos  a las redes sociales en busca de ese respaldo corremos el riesgo de perder el eje sobre las responsabilidades que les caben a los funcionarios públicos cuando manejan dineros públicos y toman determinaciones que afectan a toda la comunidad.
Se hace necesario, entonces, volver a insistir en la necesidad de incorporar discursos críticos sobre los gobiernos porque ellos ayudan a entablar discusiones que pueden derivar en mejores decisiones.
Sí, es feo, incómodo, a veces duele, pero hay que escuchar a los que no opinan, piensan, ni obran como nosotros porque a ninguno de nosotros se nos iluminó con la verdad universal ni con la verdad cósmica, por mucho empeño que pongamos y por mucho intelecto que creamos tener.
Especialmente, si debo manejar dineros ajenos, depositados transitoriamente en mis manos, y sobre los que se espera que tome las mejores decisiones.
Últimamente, ocurre que nos topamos con políticos que atravesaron por diversos cargos en diversos estamentos que están seguros de sabérselas todas y contestan cualquier pregunta con una autosuficiencia irritante.
Estar 30 años en el ejercicio de un cargo no es sinónimo de sabiduría ni nada que se le parezca. La sabiduría será resultado de estudio, ensayo, error, corrección, más estudio, más ensayos, más errores, más correciones... hasta que se apague nuestra vida.
Aseguran que a Hipólito Yrigoyen le escribían un diario especial, durante su último mandato, para no narrarle lo que realmente estaba ocurriendo en el país. Con eso, Yrigoyen creía que estaba gobernando de determinada manera y en realidad no estaba gobernando nada.
Esta semana, mateada por delante, tuvimos un intercambio de impresiones sobre ese tema con Luis Pastawski y se nos ocurrió pensar que, en nuestros días, hay otras formas de escribir un diario distinto, que no cuente lo que pasa sino lo que queremos creer que pasa.
A ese diario lo pueden escribir los aduladores, los que se acomodan siempre del lado del poder, los “chupamedias”, los incapaces de confrontar, los mediocres que se conforman con que haya florcitas en los parques y la basura esté en su sitio, los incapaces de ver una ciudad en perspectiva y para los próximos 20 años.
Y se puede escribir ese diario en las redes sociales poniendo un pulgar arriba a cosas que ni siquiera comprendo ni sé de qué tratan.
La vida de las ciudades, seguramente, pasa por otra parte. Ojalá que la lectura de esos diarios de Yrigoyen no empañen la vista de todos los que nos gobiernan en estos tiempos.
Claudio Jose Minoldo

Claudio Jose Minoldo

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