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El IPEM 272, ejemplo de escuela inclusiva

Históricamente, los únicos alumnos con discapacidad que concurrían a escuelas públicas de nivel medio eran aquellos que tenían alguna imposibilidad de movilizarse por sus propios medios, pero intelectualmente eran “normales”. 

Desde hace un tiempo, esa situación cambió en el colegio Sarmiento y cada vez son más los alumnos con diferentes dificultades a los que se incluye, en un esfuerzo que hace toda la institución para darles un lugar entre pares.
Brian, Edgar, Samuel, y Alexis son alumnos del Colegio Domingo Faustino Sarmiento y tienen en común, además de la pertenencia a esa institución, que tienen algún tipo de discapacidad. No obstante ello, la escuela viene haciendo un esfuerzo denodado junto a todo su personal para que esos alumnos sean uno más entre los 1200 que cursan sus estudios.
En nuestra zona no era habitual que una escuela pública de nivel medio acepte alumnos con discapacidades y mucho menos existiendo una institución como el Instituto Especial Niño Jesús de Colonia Caroya.
Pero una serie de directivas de las autoridades de Educación y de condiciones que se dieron en el colegio permitieron que el IPEM 272 comience en el proceso de inclusión de alumnos con alguna discapacidad. Y actualmente son 20, pero el año pasado egresaron otros tres y vieron concluir el CBU a un alumno con Síndrome de Down.
Algunas discapacidades son más notorias que otras y el espectro abarca desde alumnos con hipoacusia hasta alumnos con Síndrome de Asperger, ceguera, problemas psiquiátricos severos, retrasos intelectuales, déficit atencional, y parálisis cerebral, entre otras dificultades.
“Le digo a nuestros profes que una característica de nuestra tarea docente tiene que ser la sensibilidad porque sino no podríamos funcionar. Y encontramos respuesta, afortunadamente”, explica Mabel Olivera, directora de la institución, sobre la razón por la que cada año fueron sumando más alumnos.
“No hacemos una inclusión de palabra -añade Olivera- sino que es efectiva. Aquí el alumno viene y hace. No a lo mejor como en otros espacios donde están sentados y no hacen absolutamente nada. Eso no es inclusión, eso es venir a ocupar un lugar y nada más”.
Marcela Patat, psicopedagoga y engranage fundamental para que funcione el mecanismo de inclusión coincide con el análisis de la directora: “Cuando hacés integración escolar no es una sola persona, es toda la escuela la que integra, todos sus actores sociales: profesores, directivos, el bibliotecario, el preceptor, la portera, la gente de la cantina. Todo lo que es integración de alumnos con dificultades lleva todo un proceso que como escuela hemos ido pasando y día a día vamos aprendiendo junto a la familia. Se hace una integración real, no es de mentirita porque la ley dice”.

Testimonios de inclusión
Samuel es ciego, cursa primer año, y asiste a clases con su máquina de escribir que le traduce al lenguaje Braille. Más notable que su ceguera es su timidez y  cuesta sacarle más que un monosílabo y lograr que hable en voz alta, pero está contento de todo lo que le pasó desde que entró al colegio. “Lo mejor de este año fue poder trabajar con mis compañeros. Tengo un programa en la compu que cuando escribo me va leyendo. Y nunca había tenido antes. Me gusta la matemática porque me gusta pensar y calcular”, va respondiendo a cada pregunta.
Y sus compañeros lo valoran como persona. Como señaló Gonzalo: “es la primera vez que tengo un compañero como Samuel. Le podés hablar y siempre te escucha y es muy buen compañero”. O lo que opinó sobre “Samu”, Lucas: “Cuando entré a primero, ahí lo conocí y descubrí que era buenísimo. Trabaja muy bien y es bueno para los trabajos en grupo”.
Uno que la tiene muy clara respecto de sus limitaciones es Alexis, que cursa sexto año y tiene un retraso itelectual. Lo mejor de todo es que ahora puede verbalizar sus dificultades: “Cuando repito cuarto, me cambié de especialidad y empecé con el tema de las adecuaciones. Le costó a mis compañeros entender por qué a mí me tomaban menos cosas y que entiendan mis compañeros que a mí me costaba más y había cosas que no entendía”.
“Tarde o temprano -añade Alexis- se tenían que acostumbrar a mi personalidad, a lo que era yo y a mis adecuaciones. Cuando empecé la secundaria era un desastre. Me llevé cinco materias en primer año; en segundo año, siete; en tercer año, once. Repetí tercero y cuarto año hasta que aparecieron las adecuaciones. Por eso digo que lo que logré fue 50 y 50. La mitad puse yo y la otra mitad los otros”.
Sentir que uno tiene su lugar en el mundo, independizarse de la familia, encontrar un lugar donde poder compartir la vida con pares. Eso ha significado para muchos de estos alumnos con discapacidad la inclusión en una escuela pública de nivel medio. Defienden y quieren al Sarmiento con exageración y forman parte de un paisaje que cada vez debiera ser habitual. Por eso, es saludable saber que se puede transformar en noticia algo que viene pasando desde hace tiempo entre nosotros y en una escuela secundaria.
Claudio Jose Minoldo

Claudio Jose Minoldo

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