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La 8ª edición del Córdoba Jazz Camp fue un derroche de talento y virtuosismo

El público pudo disfrutar de las presentaciones de docentes y alumnos de este original campamento de formación musical que estuvo alojado en el Seminario Menor.

Hay dos objetivos detrás de estos campamentos intensivos de estudio del Jazz que tienen lugar cada invierno desde hace ocho años en Jesús María: Por un lado, crear público que quiera consumir Jazz y, más importante que el primer objetivo, crear músicos que abracen el Jazz y lo toquen en las cuatro latitudes.
¿Por qué? En primer término, porque el desarrollo del Jazz está híperconcentrado en Buenos Aires, y en menor medida en Rosario o en Córdoba ciudad, pero falta mucho desarrollo en otros lugares tan remotos como ávidos de este género maravilloso.
Y para Jesús María es un lujo que talentosísimos referentes del género tanto nacionales como de Estados Unidos vengan a la ciudad y ofrezcan conciertos gratuitos como los que vienen ofreciendo en cada edición.
Tríos, dúos, quintetos, sextetors y hasta formato de big band fueron los propiciados en esta edición que tuvo a la explanada del ferrocarril, al Centro Cultural Cabildo, y al auditorio de la Sociedad Rural como espacios para los conciertos.
“A veces si no hay espacios como estos, al chico que quiere tocar jazz le cuesta mucho, quizás se desanima, o se queda con poco. Lo que hace el Córdoba Jazz Camp es juntar a quienes van a ser los músicos de jazz de Argentina. Es un semillero, una forma se reunir a todos los chicos que están sueltos para que se junten, aprendan, toquen y vuelvan a sus ciudades y lleven allá lo que aprendieron acá”, explicó el contrabajista Pablo Motta, uno de los docentes que lleva cinco años participando de la experiencia.
Del domingo 14 al sábado 20, el campamento reunió especialmente a jóvenes músicos de Catamarca, Mendoza, Jujuy, Salta, Tucumán, Buenos Aires, Santa Fe, San Juan, y este año tomaron parte de la experiencia músicos de Ecuador y Venezuela.
“Se está convirtiendo -añadió Motta- en un verdadeo núcleo  para músicos y alumnos que quieran estudiar jazz. Para el alumno es muy valioso porque conocés gente de muchos lugares, es muy intenso, y te llevás un montón de experiencias muy ricas. Es muy fuerte para ellos”.
Los cultores del género hablan todo el tiempo de sumar nuevos adeptos. Entonces, la pregunta inevitable es por qué falta público para el jazz. ¿Fallan las discográficas? ¿No hay espacios de difusión y para tocar? ¿No hay un mainstream para el jazz?
La respuesta no se hace esperar: hay salas y público para jazz... pero en Buenos Aires. Saliendo de la gran urbe, el género languidece y lo que buscan estos campamentos es disparar inquietudes para que haya más músicos en más provincias que convenzan a más público y se generen más salas.
“Estos programas son muy importantes porque el alumno también es público y cuando vuelve, por ejemplo, a Tucumán hace correr la bulla y crean más público. Es un trabajo de hormiga que hay que hacerlo, pero es una cosa que es necesario para que no esté todo tan centralizado”, completó Motta.
Jorge “Negro” González, una leyenda viva del género, con más de 90 discos grabados, y que tocó con los principales referentes argentinos (Fats Fernández, Baby López Fürst, Gato Barbieri, y Dino Saluzzi, entre otros) fue invitado este año y también opinó sobre su importancia como instancia de formación.
“Nunca estuve en un campamento de música y me gustó, me parece interesante, sobre todo porque hay muchos chicos jóvenes con distintas condiciones y niveles. Me pareció bueno venir a escuchar y ver el movimiento para saber qué hace cada uno, y qué enseñan sus docentes”, manifestó.
Claudio Jose Minoldo

Claudio Jose Minoldo

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