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Esa maldita costumbre de comer pan a cualquier precio

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En la zona el precio del pan varía entre 14 y 18 pesos. Al margen del valor, los consumidores no dejan de comprar. De fondo un gran negocio de pocas empresas.

Por: Leonardo Rossi (De nuestra redacción)

El pan aumenta. El consumo no decae. Y por detrás grandes negocios. En Jesús María, el precio de este insumo clave para la dieta diaria rondaba esta semana entre los 14 y 18 pesos. Un acuerdo a nivel nacional fijó el su valor en 10 pesos el kilo, a implementarse en los próximos días. Sin embargo, el consumidor compra este producto sin reparar demasiado en el valor, según apuntan los comerciantes.
En la esquina de Córdoba y 9 de Julio, el kilo de pan común estaba a 18 pesos, mismo precio que en la panadería ubicada en Colón y San Martín. En Tucumán al 500, se podía conseguir un kilo a 17 pesos, mientras que en el local situado en Tucumán y Roca el precio por kilo era de 16,50 pesos. Hace un par de semanas en ese mismo negocio podía conseguirse a 13 pesos. La suba de 3,50 pesos obedeció a “dos aumentos que ordenaron de panaderos y se hicieron de una sola vez”, explica un empleado.  
El precio bajaba de forma significativa en otros puntos, un poco más lejos del centro. En boulevard Agüero al 100, el kilo de pan estaba a 14 pesos. La empleada explicó que “aunque aumenta el precio, la gente compra igual. La venta de pan nunca baja”. Los cajones vacíos eran evidencia de sus palabras. Los clientes que entraban, uno detrás de otro, también. Sin embargo, la distancia del centro no es condición para que el precio baje. Por ejemplo, una panadería de barrio Latinoamérica tenía a inicios de semana pasada el kilo a 19 pesos. 

Una matriz de consumo
Datos oficiales sostienen que el consumo de pan tradicional en Argentina alcanza los 70,6 kilos per capita por año, a los que hay que agregar 4,6 kilos de pan industrial. No es novedad que este alimento ocupa buena parte de la dieta en cualquier rincón del país.
Señala el libro de Tales harinas, tales panes (León-Rosell, Córdoba, 2007) que “el trigo ha constituido desde el principio de los tiempos la base de la alimentación de la sociedad occidental”. Y por ejemplo, “los productos obtenidos del trigo proveen aproximadamente una quinta parte del total de calorías de la dieta” en países con fuerte consumo de farináceos como el nuestro.
A favor del trigo, el texto plantea que los cereales “son una buena fuente de hidratos de carbono de lenta asimilación, una fuente importante, aunque incompleta, de proteínas y apenas contienen grasa”. A lo que hay que agregar el aporte de fibra, vitaminas y sales minerales. Por el contrario el trigo “no es capaz de proveer todos los aminoácidos esenciales necesarios para un apropiado desarrollo”.

Los grandes ganadores
Un informe de julio de este año a cargo del Instituto de Pensamiento y Políticas Públicas analiza el aumento del pan en Argentina. Realizado por el diputado Claudio Lozano y por Tomás Raffo, ambos economistas, el documento plantea que no más de cinco exportadoras de trigo y no más de tres procesadoras de harina de trigo son los actores principales sobre los que el Gobierno debe intervenir para llevar el pan a precios razonables en la mesa de los argentinos. 
El primer actor a limitar, entienden, es Cargill, “principal procesadora de harina de trigo (con el 17% de la molienda) y principal exportadora de trigo (con el 19,4% de exportación)”.
Entre Cargill, Molinos Cañuelas y Bagley concentran el 92,8% de la facturación de las empresas más importantes del sector molinería para productos alimenticios. Dado que actores como Cargill actúan tanto en molienda como exportación y fijan sus prioridades lejos de la mesa de los argentinos, los economistas entienden que es a este tipo de empresas a las que hay que apuntar más allá de controlar precios en el último eslabón de la cadena. 
Para ser más gráfico: “La bolsa de harina de 50 kilos pasó de costar entre $100 y $110 a $285 (según lo expresa la Federación Bonaerense de la Industria Panadera). Desde esta perspectiva lo que se observa es una disputa inter-empresaria por la apropiación del excedente, entre los actores más concentrados (los molinos harineros que aumentan un 150% el precio del trigo) y los actores más débiles (las panaderías, que aumentan un 25% el pan) que termina impactando en el conjunto de los argentinos”.  Acostumbrados a consumir pan, los vecinos continúan con el ritual más allá del precio. Mientras, el acuerdo que fijó el Gobierno nacional intentará regular una vez más un sector con una fuerte concentración estructural. 


Autor
Claudio Jose Minoldo

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