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Apreciaciones sobre la sensación de inseguridad

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Aunque las tasas de robos y asaltos se mantienen estadísticamente en los mismos valores que otros años, hay preocupación.

En menos de 15 días, dos reuniones para abordar la problemática de la inseguridad en Colonia Caroya. Robos, asaltos, y la sensación de que el crimen queda siempre impune es lo que se oye de boca de los vecinos.
La Policía concurre, escucha, pone la cara, recibe cachetazos, promete acciones, y de inmediato se nota mayor presencia en el sector, patrullaje, luces intermitentes en lugares donde la frecuencia no es habitual.
Y como tantas otras veces, se repite el cuento de la frazada corta: donde se tapa un sector, queda al descubierto otro. Los delincuentes saben de eso y cambian la posición georreferencial para el delito hacia los sectores donde hay menos patrullaje.
Reclamo, acción, reacción, reclamo. Un ciclo vicioso en que están inmersas la mayoría de las localidades. El cuento de la frazada corta se repite en cada una de ellas.
Falta personal policial o es insuficiente, faltan pertrechos, faltan móviles y, sobre todo, falta una estrategia por parte del Estado que sigue empujando hacia la delincuencia a amplios sectores que siguen siendo excluidos.
Hipercomunicados, los vecinos de ahora tienden a pensar que en sus barrios pasa lo mismo que pasa en Buenos Aires y se sienten casi tan inseguros como los vecinos de Balvanera o Moreno. Pero eso es una falacia total. No estamos en Buenos Aires, no se cometen la misma cantidad de delitos que allá, y se vive y se respira de una manera muy diferente a cómo se vive en las grandes urbes.
Claro que el delito golpea y claro que despierta bronca e indignación. Nadie está señalando que los hechos no existen. Simplemente que hay que ponerlos en una dimensión diferente para no caer en la paranoia de creer que vivimos presos del terror y asediados por delincuentes.
Han pasado más de cinco años desde el último homicidio en ocasión de robo en nuestra zona e, incluso en aquel momento, el homicidio fue un accidente no querido por parte de quienes querían llevarle sus pertenencias a un anciano en Colonia Caroya.
En Tronco Pozo, por citar un ejemplo, un relevamiento del centro vecinal señala que casi la mitad de los propietarios sufrieron un hecho delictivo. Claro que se trata de una de las zonas menos densamente pobladas de la región y la estadística podría hacernos ingresar en el error.
Lo que más bronca parece darles a los vecinos es la falta de respuesta del Estado en materia de seguridad, siendo que la prestación de ese servicio se financia con el pago de los impuestos que los mismos vecinos hacen.
Algo así como “pagamos para que nos cuiden pero no lo logran o no ponen el suficiente empeño en ello”.
Y los medios de comunicación juegan un rol tremendo en la generación de sensaciones de inseguridad. Si las semanas vienen cargadas de otras informaciones, las “policiales” pasan a segundo o tercer plano, pero en las semanas en las que parece que hay poca información suelen liderar el ranking.
No es, en realidad, que haya más hechos delictivos sino que se informa más o menos hechos delictivos en función de las necesidades, prioridades, y agendas de cada medio de comunicación.
Es que la “policial” está al alcance de la mano, es mercadería fácil, accesible, y poco se cuestiona el porqué de difundir información que, generalmente, tiene que ver con la desgracia padecida por otro vecino, sea en un robo, en un asalto, en un accidente de tránsito, como víctima de un secuestro virtual, o como víctima de violencia familiar.
Tampoco existe un protocolo ni un consenso entre los colegas comunicadores respecto de cómo tratar y por qué tratar la información policial. La mayoría de las veces esa información termina alimentando el morbo de una parte de la comunidad, casi adicta a anoticiarse sobre la desgracia ajena.
Nuestros lectores saben que en estas páginas no encontrarán información policial y ésa fue una decisión editorial tajante que se trazó la dirección de este semanario. Eso no quiere decir que miremos para el costado sobre esa materia.
Estamos atentos a lo que pasa e informamos cuando la situación rebasa todos los límites conocidos, cuando los vecinos dicen basta y ponen en aprieto a las autoridades policiales.
Estamos atentos y contribuimos cuando la comunidad necesita elevar la voz y que llegue a los que tienen poder de decisión en materia de seguridad. Digamos que esquivamos la noticia policial de todos los días para aparecer cuando la propuesta de discusión sobre el tema se eleva y permite señalar la opinión de distintos sectores en determinado momento.


Autor
Claudio Jose Minoldo

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2016. Año VIII.
Año Ocho.
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