En foco
Pin It

Widgets

Acerca de los ejemplos de honestidad

Tal vez te interese

 Pareciera que aada vez es menos frecuente que alguien obre éticamente y respetando los derechos de los demás. ¿Será?

Encuentro algo que no es mío, que tiene la identificación de la persona a la que le pertenece, y lo devuelvo... ¿me transforma esa acción en alguien extraordinario?
Uno tiende a pensar que no, pero parece que en estos tiempos esas conductas son tan poco frecuentes que son resaltadas y puestas en una categoría superior.
¿No es lo que corresponde? ¿No es lo que muchísimos padres enseñan a sus hijos? ¿Por qué, entonces, nos sorprende que alguien haga lo que se espera que haga naturalmente?
Será que durante muchos años nos hemos acostumbrado a discursos y actitudes poco honestas de muchos referentes y eso nos ha generado cierto estado de sospecha en el que es más fácil pensar que nadie obra honestamente porque sí.
Prometer algo y no poder cumplirlo es una cosa, pero otra cosa es prometer algo que se sabe no se va a poder cumplir. ¿Cuántas promesas rotas hemos visto en diferentes instituciones en este tiempo? Seguramente, muchas.
Y ojo con pensar que es una crítica solamente hacia una forma de hacer política en nuestro país y con una manera de obrar de ciertos políticos de nuestro país. El ejemplo puede aplicarse al sindicalismo, a la educación, a las instituciones intermedias, y al seno de las propias familias donde no somos honestos para con nuestros seres queridos.

Palabras honestas
La palabra tiene un poder sanador y destructor en sí misma. La naturaleza de ese poder no depende de una combinación en su uso. La palabra no es solamente lo que sale de la cavidad bucal ni de un texto escrito, sino también la intención que lleva implícita.
En estos tiempos, muchos funcionarios y autoridades creen que suprimiendo las palabras críticas o negándolas es suficiente para darle entidad al propio discurso. Entonces, no responden preguntas, descalifican al que lo hace, lo transforman en enemigo, lo ponen en bandos, lo ridiculizan en público.
Y creen en el poder todopoderoso de lo que dicen, aunque ese decir no lleve consigo ninguna honestidad.
Vienen faltando a los discursos palabras honestas, que reconozcan un estado de cosas, que sean capaces de autocrítica, que tomen de la crítica lo que contribuya a superarse, que no descalifiquen ni califiquen en forma oportunista, que produzcan en el entramado social la necesidad de recuperar la credibilidad en las acciones cotidianas de la gente, como puede ser devolver lo que no es de uno y está identificado como ajeno.
“El presente sistema intenta aniquilar la conciencia lingüística en un tiempo diseñado para la esclavitud laboral, informática y consumista”, señala Ivonne Bordelois en el libro La palabra amenazada.
En ese ensayo, la autora señala: “el lenguaje es ante todo un placer, un placer sagrado; una forma, acaso la más elevada, de amor y de conocimiento. En cada comunicación verbal que se logra se da una relación misteriosa y fecunda.  Las lenguas no sólo se "emplean", no son sólo valores de comunicación, expresión personal o uso colectivo: contienen la experiencia de los pueblos y nos la transmiten, pero sólo en la medida en que estemos dispuestos a reconocer su capacidad de poder hablarnos. La expresión "usar la lengua" reduce la lengua a un instrumento, cuando en realidad la lengua es un proceso que vastamente nos trasciende”.
Uno quiere negarse al determinismo que señala que, desde el nacimiento y antes de ser nación, los argentinos fuimos deshonestos. Que el puerto de Buenos Aires era el lugar para el contrabando y la ilicitud.
Porque en el medio, hubo cientos de mujeres y hombres -muchos de ellos anónimos- que empuñaron discursos que tenían su correlato en los hechos. Decían que eran honestos, lo demostraban y, además, lo aparentaban.
Así como en estos tiempos es relevante destacar lo que en otros tiempos hubiese sido moneda corriente, también es momento para desenmascarar los discursos deshonestos, denunciarlos, repudiarlos, y obligarlos a acercarse a la verdad.
La honestidad es el valor de ser decente, recatado, razonable justo u honrado. Desde un punto de vista filosófico es una cualidad humana que consiste en actuar de acuerdo con como se piensa y se siente. Esta diferencia de significados proviene de la incorrecta traducción del inglés, ya que en ese idioma ser honesto significa no ser dado a la mentira o al engaño, a diferencia del español, cuyo término para ese significado es el de "sinceridad" o "franqueza", no el de "honestidad".
Un punto de partida para pensarnos y pensar en nuestra condición ciudadana.















Autor
Claudio Jose Minoldo

Blog de Interes, recomiendanos

No hay comentarios :

Leave a Reply

Contacto

Contacto

Alojamiento en Jesús María

Primer Día

2016. Año VIII.
Año Ocho.
Hecho en Jesús María, Córdoba (Argentina)
Todos los derechos reservados.
Las opiniones emitidas no necesariamente reflejan las opiniones o posiciones de los administradores de Semanario Primer Día.

Seguidores

Archivo del blog

Nuestra misión es dar a conocer nuestros servicios gratis Ayudadeblogger.com