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“Hay que sincerarse porque la ‘previa’, la salida al boliche, y el ‘after’ son para consumir alcohol”

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Adolescentes y jóvenes de nuestra región fueron convocados por los concejales de los tres municipios vecinos y plantearon un panorama preocupante respecto del consumo de bebidas.

Alguien podría cuestionar si la cantidad de jóvenes, 55, es o no representativa. Pero, al margen del número, lo cierto es que la voz de ese grupo sirvió para tomar noción respecto de lo que sienten que está pasando durante los fines de semana cuando quieren divertirse los adolescentes y jóvenes de esta región.
La reunión, convocada por los concejales de los tres municipios, tuvo lugar durante la noche del martes en las instalaciones de la Sociedad Rural de Jesús María, lugar al que se llegaron jóvenes representantes de diferentes colegios, del Concejo Deliberante Juvenil de Jesús María, y de algunos partidos políticos.
La convocatoria era para tomar ideas sobre lo que habría que modificar en la ordenanza de espectáculos públicos (unificando criterios para los tres municipios), pero el debate excedió ampliamente esa requisitoria de los ediles e ingresó por los carriles sobre lo que está sucediendo con adolescentes y jóvenes de nuestra región cuando salen a divertirse.
El primer disparador lo lanzó una adolescente al poco de iniciar el intercambio cuando señaló: “Hay que centrarse en la cultura del alcohol. Hay que sincerarse porque la ‘previa’, la salida al boliche, y el ‘after’ son para consumir alcohol”.
Desnudó un problema que no solo afecta a esa franja de edad sino que está cada vez más extendida en el resto de las edades. La única diferencia podría encontrarse en las conductas que genera el consumo excesivo de alcohol y en el índice de siniestralidad que, según los registros aportados por el municipio de Jesús María, está más alto en la franja que va de los 20 a los 30 años. Dicho de otra manera: la mayoría de los accidentes que involucran elevado alcohol en sangre tiene como protagonistas a jóvenes de entre 20 y 30 años.

La previa, instalada
Resultó llamativo, el martes pasado, la naturalidad con la que los adolescentes confesaron que se ha transformado en una práctica frecuente la “previa” que consiste, lisa y llanamente, en la reunión en una casa de familia (convalidado por los padres dueños de casa) en la que se consumen bebidas alcohólicas hasta el momento en que se decide ir al evento bailable. Es cada vez más frecuente llegar ebrio al lugar donde se va a bailar.
Y otra verdad arrolladora: nadie quiere ser el conductor designado, ése que no consume alcohol porque es quien transporta a sus amigos a sus domicilios cuando la fiesta concluye. También se confesó que la mayoría de los que conduce vehículos de lo único que se cuida es de que no lo agarre un control de alcoholemia. El cuadro indica que muchos de los que conducen vehículos ya van hacia el local bailable con alcohol en sangre, consumen bebidas dentro del evento, y se retiran con más alcohol del que tenían al ingresar.
El cuadro se pone complejo cuando se piensa que tres de los lugares donde hay recurrencia de adolescentes y jóvenes desembocan sobre la Ruta Nacional 9 norte o sobre la ruta provincial E 66. Ni qué hablar de la velocidad a que lo hacen o de las imprudencias que cometen cuando quieren evitar un control. En esos casos, las infracciones incluyen pase de semáforos en rojo, conducción en contramano, giros en U en forma abrupta, conducción ¡sobre veredas!, y escapes de los controles a toda velocidad.
Si la tasa de accidentes no se incrementó es producto de la casualidad y de la suerte. Una forma de entender la centralidad que tiene el alcohol en la noche se pudo obtener de la declaración de un presente: “el baile es una parte de la noche, no es lo único que hay”.

Lo que quieren y lo que no
Adolescentes y jóvenes coincidieron en que ayudaría a paliar el problema el incremento de controles de alcoholemia por parte de los municipios. También ayudaría la existencia de un transporte desde el centro hacia los boliches a un precio más razonable que el que ofrecen los remises. Muchos argumentaron que los tranquilizaría poder ir a esos locales bailables en un colectivo chico o una traffic para evitar tener que salir con un automóvil después de haber consumido alcohol.
Hasta una “concejalita” de Jesús María, viendo la centralidad del problema del alcohol, propuso que sean los municipios quienes destinen recursos para una masiva campaña de concientización sobre la problemática.
Los jóvenes adelantaron que se opondrán a la eventualidad de que la modificación de la norma incluya una suba de la edad, de 16 a 18, para el ingreso a los boliches. Hoy, el nudo es que pueden ingresar a los 16, pero no se les puede expender alcohol sino tienen 18. Las argucias para proveerse de alcohol aunque no tengan 18 son infinitos, de acuerdo a lo que pudo recabar este semanario. Ojalá fuera la única contradicción en la que ingresa la norma sobre espectáculos públicos.


Autor
Claudio Jose Minoldo

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