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Desafíos del periodismo contemporáneo

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Pensar la comunicación en términos de servicio es una rareza universal, pero un esfuerzo en ese sentido hay que intentar.

“Gestar, a través de un medio masivo, la cercanía de una charla de café, el testimonio con gusto a vida que no hable de lo que pasa sino de lo que nos pasa”.
La frase le corresponde a Daniel Ulanovsky Sach a propósito de la publicación de algunos textos de caracter intimista de escritores de relevancia en un suplemento literario de caracter nacional. Pero podría aplicarse a la tarea cotidiana que encaramos los comunicadores.
Hace alrededor de una década, el educador e investigador Ezequiel Ander-Egg se tomó el atrevimiento de publicar un libro dedicado a la Globalización. Pero lo escribió desde la perspectiva de quien tiene que pararse frente a un coletivo de estudiantes y ofrecerles valores en dosis mayores a los conocimientos que exigen las currículas ministeriales.
En esa descripción valiente del mundo tal como lo vivimos hoy, Ander-Egg hace un planteo a propósito del descrédito en que cayeron las utopías y los ideales. Dice el investigador: “Estamos holgados de muchas cosas, cada vez disponemos de mayor cantidad de bienes para nuestra comodidad, pero nos faltan razones para vivir. Cuando se secan los manantiales utópicos, la vida de los seres humanos se transforma en un desierto en donde solo florecen el conformismo, la apatía, la trivialidad, y el oportunismo”.
Antes de que alumbrara el siglo XXI, debutaban casi en simultáneo internet y el correo electrónico. Nos ponía en una cercanía tremenda con personas a las que, tal vez, hacía años que no veíamos.
En menos de 15 años, esa cercanía se incrementó notablemente con la aparición de las cámaras web, los micrófonos, los teléfonos móviles, e infinidad de programas que nos permiten compartir video, fotografía, y textos.
Pero al igual que en la época en la que la correspondencia era a través de cartas que surcaban el territorio nacional e internacional con textos escritos de puño y letra y en papel, hoy sigue siendo importante el mensaje, el qué decir, el por qué y para qué decirlo.
Hoy nos topamos con herramientas asombrosas para la comunicación y, en muchos casos, no sabemos exactamente qué comunicar o por qué estamos comunicando lo que comunicamos.
Necesitamos del ejercicio de cuestionar y revisar nuestras prácticas porque muchas veces nuestros mensajes son producto de lo que creemos que quiere el público receptor cuando, en realidad, son producto de la imitación del trabajo de corporaciones más grandes, o de la rutina incorporada a la práctica, o de nuestros propios intereses comunicativos.
Y la opinión de este semanario es que se están perdiendo enormes posibilidades de contar lo que “nos pasa” como comunidad.
Y el abanico de temas que no aparecen en las agendas de los medios de comunicación va desde los derechos de las minorías hasta las cuestiones de género, y las discusiones sobre inclusión, educación, seguridad, salud, justicia, por mencionar solamente algunos.
Si fuésemos capaces de dejar de esperar que la noticia llegue a nosotros y saliéramos a buscarla en los lugares que nos está esperando, seguramente podríamos enriquecer la calidad de propuestas para nuestro público receptor.
Hay que animarse a dar un debate sobre la posición de la ciudad frente al cuidado del ambiente y los recursos naturales, frente a las necesidades de acceso a servicios básicos por parte de innumerables sectores, y frente al resguardo de nuestra historia a través del rescate del patrimonio.
En definitiva, inventar, animarse a crear una suerte de periodismo de servicio o de periodismo al servicio de. Que nuestras herramientas sirvan para multiplicar los debates, encender los intercambios de opiniones, para poner en tela de juicio las cosas dadas, y para cambiar este imperante periodismo de la espectacularización y el show por un periodismo comprometido con las causas sociales.
Después de todo, la utopía sigue siendo la misma: construir un mundo con menos diferencias y más vivible, donde los alimentos alcancen para todos, al igual que las vacunas y los tratamientos médicos. Construir un mundo donde haya menos muros y rejas y más plazas y parques y paseos.
Siempre parecen objetivos al alcance de la mano. Sin embargo, nunca como hoy estuvieron tan lejos. En un mundo cada vez más comunicado, no es menor la tarea que nos espera a quienes pasamos la vida comunicando. Es cuestión de acuerdo y de ir poniendo manos a la obra, sin tantos remilgos y con más entrega.


Autor
Claudio Jose Minoldo

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