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Concejales de la región aúnan esfuerzos para que haya una nueva ordenanza sobre espectáculos

¿El objetivo? Lograr que haya herramientas que permitan controlar y sancionar los desbandes que se producen en los locales de esparcimiento nocturno y para que los jóvenes estén más seguros.

Los ingresos más importantes de los negocios que trabajan la noche es, desde hace mucho tiempo, el expendio de bebidas alcohólicas. Para dimensionarlo, valga señalar que una fiesta de entre 2 y 3 mil personas puede dejar limpios en una noche más de 70 mil pesos.
Contra un gigante de esas proporciones es que tienen que luchar los concejales de las tres localidades vecinas en nuestra región porque cualquier modificación que le impongan al Código de Espectáculos Públicos incidirá sobre ese negocio. Y, seguramente, enojará a los propietarios de esos negocios que no dudarán en patalear si les tocan sus intereses. Pero la obligación de los representantes es velar por los derechos de todos sobre los derechos de algunos.
El pasado martes por la noche, en la Casa de la Historia y del Bicentenario de Colonia Caroya se reunieron los concejales de la región y se dio inicio a una nueva ronda de consultas de la que extraer información para, después, poder volcarla al texto de una ordenanza que sea exactamente igual para los tres municipios.

Juventud: teoría y práctica
Un marco introductorio sobre la realidad juvenil fue aportado por el psicólogo social Juan Manuel García Escalada que resumió su impresión en una frase: “los adultos tenemos que tener claro que estamos generando un modelo de sociedad que no sólo daña a los jóvenes sino que nos daña a nosotros mismos. Somos los responsables de este presente y quienes tenemos que empezar a cambiarlo”.
Después, la licenciada en Psicología Marcela Blati volvió a cargar sobre la responsabilidad de los mayores: “El problema no está en los adolescentes sino en los adultos que, en algún momento, dejaron de poner límites creyendo que eso dañaba la psiquis de los jóvenes. Tenemos miedo de poner límites. Ojo que límites no significa ser autoritarios sino poder sostener con firmeza una decisión que tomamos. Desgraciadamente son pocos los padres que colaboran para que esta situación cambie”.
Blati animó a los presentes a organizar una suerte de Observatorio que permita ir colectando información para saber que están consumiendo los jóvees, en qué lugar, y en qué medida. La profesional señaló al alcoholismo y la drogadicción como los principales problemas actuales.
También, llamó a reflexionar respecto de por qué muchas familias consienten la realización de las llamadas “previas”, que llevan a que muchos adolescentes y jóvenes lleguen a los boliches totalmente ebrios.
La adolescencia es una etapa en la que el miedo al rechazo y la baja autoestima llevan a replicar las cosas que hacen otros pares, aunque esas cosas sean emborracharse hasta quedar noqueados o consumir sustancias psicoadictivas.


La ciudad de Córdoba, más rígida en el control de la noche
Darío Peralta, director de Espectáculos Públicos de la ciudad de Córdoba, estuvo en la reunión del martes aportando datos sobre cómo vienen haciendo para resolver la problemática en la ciudad en la que, como mínimo se moviliza medio millón de jóvenes cada fin de semana.
La primera incompatibilidad que encontró Peralta con nuestra región es que se permita ingresar al boliche a los 16 años, pero que la venta de alcohol se permita a partir de los 18. ¿Cómo se hace para que un menor de 16 no acceda al consumo de alcohol en un boliche que lo vende? Para él, la solución es que el ingreso a los boliches se permita a partir de los 18 y que se incentive a los propietarios de los boliches para que generen encuentros para la franja de entre 16 y 18, aunque sea una vez por mes.
La otra diferencia con nuestra zona es que los controles en la ciudad de Córdoba se realizan con el acompañamiento de la Policía, cosa que acá no logró ninguno de los tres municipios.
Y una tercera diferenciación se encuentra en que Córdoba viene persiguiendo la realización de fiestas clandestinas a las que están combatiendo con todo el rigor de la ley. ¿Cuándo es ilegal? Cuando se constata que dentro de está vendiendo alcohol y que se está cobrando entrada, además de no haber solicitado autorización. En esos casos, además de secuestrar equipos, se fotografía todo el procedimiento, y el Tribunal de Faltas aplica sanciones y multas tan onerosas que les sacan las ganas de persistir en la clandestinidad.
A los concejales de la región les quedó muy claro que si las multas no son elevadas, a los propietarios de los boliches les conviene trasgredir las normas y pagar las multas porque la relación costo beneficio no les incide demasiado.
Una más: En la ciudad de Córdoba las fiestas en carpas sólo se permiten en ocasiones especiales. Nunca en forma permanente. Con lo que algunos de los negocios de nuestra zona jamás hubiesen sido habilitados en aquella jurisdicción. Apenas apuntes para tener en cuenta.­­

Claudio Jose Minoldo

Claudio Jose Minoldo

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