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Una ciudad con menos obstáculos pide Adrián Peressini

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Ciego de nacimiento, la vida de Adrián transcurre con total normalidad entre su trabajo en la biblioteca Filomena Rossi y su hobby de vender autos en los horarios libres. Se queja de los obstáculos que tiene que sortear mientras camina por la ciudad.

Una mujer le pide fotocopias, otro hombre pide formularios de un plan del gobierno de Córdoba, una persona pregunta por determinada bibliografía. Y en todos los casos es Adrián Peressini quien responde. Hasta ahí, nada raro, excepto porque se trata de una persona con discapacidad visual que trabaja desde hace 25 años en la biblioteca Filomena Rossi y lleva más de 40 con esa discapacidad visual.
Adrián no es de quejarse y prefiere cultivar un bajo perfil. De hecho, casi que se niega a que lo entreviste Primer Día hasta que su compañera de trabajo, Liliana Londero, lo hace recapacitar: ‘muchas veces te quejás por los obstáculos que tenés que sortear en las veredas. Es tu oportunidad de contar cómo lo vivís a diario’.
En 1988, Peressini ingresó como ayudante de Amelia Cherry que era la encargada de la biblioteca. En esa época, se encargaba de la confección de las fichas con que se inventariaba todo. Lleva 25 años en la biblioteca y aguarda ansioso el momento de jubilarse, cuando cumpla 45 años, porque una ley le permite ese retiro anticipado.
“Después, me voy a dedicar a lo que me gusta que es el tema de los autos porque es mi pasión”, narra Adrián sobre su programa para los próximos años.
Un nacimiento prematuro y un exceso de oxígeno en la incubadora fueron el combo justo para que las retinas de Adrián se dañaran irremediablemente. Un caso de mala praxis que data del año 1970.
Por eso, es importante su testimonio porque puede señalar  con claridad cuánto se avanzó en términos de inclusión y de accesibilidad.
“En este tiempo se ha avanzado, pero vivimos en un país donde a alguien que tiene una discapacidad o que es distinto a otra persona se lo discrimina un poco. Obviamente, que hay gente que no y gente que sí (lo hace). He tenido oportunidad que hablar con gente que estuvo en otros lugares y en otros países se abren más las puertas a una persona con discapacidad. Tiene acceso a más cosas que a lo mejor acá donde suele pasar lo contrario. A veces te cierran las puertas, no sé si por miedo o por ignorancia”, comienza diciendo Adrián.
La pregunta del millón es cómo es circular por Colonia Caroya para una persona con una discapacidad visual: “En la Colonia, al igual que en varios lugares, se complica un poco porque hay muchos lugares donde no hay veredas, ponen las bicis en cualquier lado. En mi caso que soy alto tengo que tener cuidado con las ramas que suelen estar bajas y sin mantenimiento. La gente misma no se da cuenta de lo que generan. Ocurre que en las veredas hay escombros u otros obstáculos”, añade Adrián.
Entre los peligros, Adrián menciona algunos canales de agua que todavía están a cielo abierto o lugares en los que faltan las tapas de las cámaras sépticas y de los desagües. “También hay gente que tiene en cuenta eso y no deja las cosas en cualquier lado. Es producto de la cultura del país donde vivimos”, señala conciliador.
Peressini suele acompañarse con su bastón, pero en algunos casos resulta insuficiente porque resuelve los obstáculos que aparecen adelante pero no los que pueden estar arriba o salidos a determinada altura.
Aunque Adrián sabe leer en Braille, últimamente prefiere manejarse con los programas de computación que permiten traducir lo escrito a hablado. El software permite incluso navegar en internet. Y lo tiene como herramienta de sus preferencias.
También resulta curioso, además de que trabaje en una biblioteca donde la gente va a buscar libros que él no puede leer (porque no están en Braille), su pasión por los autos a los que tampoco puede ver: “Desde chico me apasioné. Hice cursos de mecánica y de motores diesel porque me gusta. He vendido varias camionetas aquí en la zona. Cuando hay que peritar un auto tengo que buscar alguien que vea porque hay que verificar el estado de la carrocería, pero tengo gente de confianza que me ayuda a hacerlo”.
La vida de Adrián trascurre como si no hubiese tenido ninguna discapacidad y eso pide: “Te tiene que tratar de igual a igual y tienen que exigirte igual o más también, aunque los métodos de trabajo nuestro sean un poco más lentos”.


Autor
Claudio Jose Minoldo

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