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La tragedia como punto de partida para una tregua

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La naturaleza nos puso, nuevamente, cara a cara con nuestras limitaciones urbanas y nos obliga a sacar nuestra solidaridad.

Nada más triste en la historia de un país cuando otros compatriotas pierden todo bajo las fauces de una naturaleza que no obedece reglas ni respeta escalafones ni jerarquías. Mucho menos, clases sociales.
Bajo la máscara de una inundación -una de las peores que reconoce la provincia de Buenos Aires- miles de compatriotas tuvieron que ser evacuados y una cincuentena de familias tuvo que lamentar la pérdida de sus seres queridos.
Sufir el colapso de los servicios básicos, quedarse sin energía eléctrica, ver rebalsados los sistemas cloacales, y perder mobiliario fueron las postales que más se repitieron durante estos días.
Atónitos, mudos, tristes nos hemos quedado los argentinos con esto que pasó en La Plata y en algunos barrios de la ciudad autónoma de Buenos Aires y que no es atribuible -al menos, no directamente- a ningún político.
Es que no es momento, tampoco, de achacar culpas a otros porque no habrá, en este caso, ninguna ganancia política. De nada sirve acusar. La mejor herramienta será arremangarse, unir voluntades, y convocar a la solidaridad siempre presente de otros argentinos.
Lo que se haga durante este duro trance será vital porque lo que dejará como saldo este temporal es todavía demasiado temprano como para dimensionarlo.
A los cordobeses nos recordó la tragedia de San Carlos Minas de la que ya se cumplieron 20 años y que dejó un saldo de muertos y de damnificados de grandes proporciones.
Algunos desempolvaron viejas crónicas que hablaban de unas 200 víctimas fatales durante 1939 en un desborde del arroyo La Cañada.
También los santafesinos rememoraron históricas crecidas del Paraná, algunas de ellas, entre 2003 y 2004, que trajeron caos y muerte en dosis semejantes.
No se trata, desde luego, de ninguna competencia para ver qué localidad o provincia suma mayores víctimas de un evento de la naturaleza. Nos pone de cara frente a nuestra limitación para frenar a la naturaleza cuando se desborda y nos obliga a repensar qué tipo de obras urbanas debiéramos encarar para atemperar la furia del cielo que nunca puede preverse.
Jesús María y Colonia Caroya tienen en el pasado reciente una monumental lluvia de fines de diciembre de 2009 cuando las calles se anegaron de bote a bote y hubo negocios y domicilios particulares a los que le ingresó cerca de un metro de agua.
Aunque ya se ejecutaron cinco microembalses que ayudarán a contener el volumen en el futuro, el proyecto total involucra la construcción de más de 15 embalses similares hacia la zona de Sierras Chicas. Ojalá que se retome ese proyecto y que se pueda ir ejecutando pensando en el futuro y en lluvias similares a la de 2009 o la de enero de 2010 que terminó por destruir el puente que unía Sinsacate con Jesús María.

Conducta ejemplar
La reacción de los compatriotas ante el desastre de La Plata no se demoró ni un minuto. Hasta los clubes de fútbol se pusieron  al servicio de los gobiernos para acercar donaciones de alimentos y mobiliario.
Los medios de comunicación fueron nexo indispensable para canalizar tanta predisposición a la solidaridad y se vienen juntando camiones y camiones con mercadería donada.
La ejemplaridad solidaria de los argentinos no dio lugar a la chicana política que algunos pretendieron hacer. Quienes así lo quisieron fueron repudiados, reprendidos, castigados en vivo y en directo y por las redes sociales.
En ocasiones así es cuando florece lo mejor de los argentinos también. Allí, aflora el corazón de todos, incluso de los que menos tienen que son capaces de compartir hasta lo poco que tienen con otros a los que no les ha quedado nada.
Y como ha ocurrido en el pasado, seguramente, vamos a emerger de este trance, siempre y cuando se aparten las mezquindades partidarias y cada sector con su cuota parte de poder se ponga a pensar en la gente y en la necesidad de restablecer su vida, después de la catástrofe.
Como nunca es momento de una tregua, es momento de olvidar que habrá elecciones en algún momento del año, es momento de unir lo que estaba dividido, amigar lo que estaba distanciado, y dejar de lado las diferencias ideológicas.
Porque la inundación no hizo diferencias y le pasó por encima tanto al que nada tiene como al que lo tiene todo, al que estaba sano y al que estaba enfermo, y a los afiliados de todos los partidos políticos. Argentinos a las cosas, sin demora, sin dudas, sin tregua ni tampoco pausa.


Autor
Claudio Jose Minoldo

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