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La Central cumple 45 años ofreciendo una combinación de calidad y buenos precios

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Cuando la familia Ñáñez se instaló en Colonia Caroya, allá por los ‘60, lejos estaban de saber que mantendrían una razón comercial por más de cuatro décadas y con clientes que permanecieron fieles desde el comienzo.

Amílcar Ñáñez se siente orgulloso de la iniciativa que tomó su familia cuando el Nono José Ñáñez decidió dejar Tinoco, mudarse a Colonia Caroya, y adquirir la carnicería que tenía Armando Romanutti. De aquel momento a la fecha, pasaron 45 años y los Ñáñez lograron mantenerse en el rubro pese a todos los vaivenes del país. Y no sólo eso: también lograron crecer y montar una fábrica de chacinados que trabaja al límite de su capacidad.
Amílcar es el integrante de la familia que le pone voz a esa historia porque tanto su padre Ricardo como sus hermanos Iván y Martín prefieren mantener el perfil bajo que los caracterizó siempre.
“Cuando comenzó todo, mi papá tenía 21 años y no sabía nada del oficio aunque sí sabía sobre las cosas del campo. Acá, aprendieron un poco de Romanutti y también aprendieron de Tito Sivieri, y de Luciano D’ Olivo”, comenzó explicando Amílcar.
En aquel tiempo, se estilaba que las carnicerías realicen reparto a otros negocios y a domicilio. Así fue como Ricardo conoció a la que iba a ser su futura esposa, Griselda Nanini, mientras hacía el reparto por Los Chañares. De hecho, de ese encuentro de familias surgen las recetas que después los Ñáñez toman para elaborar sus embutidos. Miguel Nanini, el otro Nono de Amílcar, fue el que trasmitió esos saberes.
Llevan tanto tiempo en el rubro que todavía recuerdan la época en que la gente iba a la carnicería con su propio plato, en la época en que la bolsa de nylon era un lujo que pocos podían darse.
Siempre fue una empresa familiar, más allá de que siempre tuvieron empleados (hoy son seis). Y con el tiempo, el fuerte pasó a ser la producción y venta de chacinados.
Entre sus clientes más notorios se encuentra el restaurante  y fábrica de pastas Bettini que les compra mercadería desde principios de los ‘70. Y entre los clientes más antiguos a nivel personal, la familia rescata a don Odeni y doña Peresotti que compran en La Central desde la misma época.
Además, se convirtieron en proveedores de embutidos para negocios en el valle de Punilla y en las Sierras Chicas, entre otros puntos geográficos de Córdoba.
Hoy, la familia Ñáñez elabora salame, jamón crudo, bondiola, arrollado criollo de cerdo, chorizo, morcilla, codeguín, salchicha, chorizo colorado, y panceta salada. También, vienen acompañando el proceso que encaró el municipio para lograr que el salame certifique Identificación Geográfica.
“El secreto de la permanencia del negocio es que siempre se destacó históricamente por tener buena calidad de carne, otro tanto es por la atención que hacemos al público, y también el precio que cobramos que es acorde a lo que ofrecemos”, remató Amílcar sobre la empresa.


Autor
Claudio Jose Minoldo

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