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Feria del Camino Real: de la chacra a la mesa del vecino

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Productores de Colonia Caroya venden verduras y frutas frescas en la feria del Camino Real. Recuperaron una tradición de la zona y mejoran la oferta en calidad y precio.

Por: Leonardo Rossi (De nuestra Redacción)

La luz natural deja aún que la vista sea óptima. Frente a la mirada del cronista, seis hectáreas de chacra; agricultura familiar caroyense en estado puro. Norberto Bergagna se pierde entre la siembra de lechuga, materia prima que cada sábado, desde hace ya dos años, alcanza a las manos de los vecinos. La necesidad de mejorar el vínculo entre productor y consumidor dio vida a una nueva vieja realidad en la zona: una feria de frutas y verduras.

-¿Por qué volver a los orígenes del comercio, el cara a cara con quien consume?
-Uno de los problemas era la comercialización. Al productor no le pagaban nada y al consumidor le llegaba carísimo. A partir de un grupo apuntalado por el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA), algo más de diez productores decidimos avanzar en la feria del Camino Real.
La semilla germinó sin pausa. Desde entonces, cada sábado, los feriantes se apostan sobre las vías del ferrocarril, y avenida San Martín, con tres objetivos claros: “hacerle llegar un producto fresco al consumidor y que sepa que es de buena calidad; promocionar los productos para que el comprador lo pida en la verdulería durante la semana; y difundir la horticultura en la zona como un medio de vida”.

Alimentos frescos
El paseo por las parcelas de Bergagna es didáctico. A la izquierda las hojas verdes en varias tonalidades: pronto pueden reconocerse la rúcula y la lechuga. Enfrente, bajo los plásticos, filas de plantas de tomate (¡nunca mejor dicho!) de quinta. Según la cronología climática, la familia también se aboca a dar vida a pimientos, zapallitos, chauchas, y melones, entre otras producciones, que acabarán un sábado en la feria.
La oferta se orienta en función de “las semillas disponibles en el mercado, y lo que pide la demanda”. La corta distancia –unas cuarenta cuadras-- que recorre el producto entre la cosecha y la compra es una de las grandes ventajas que exhiben los “Quinteros de Caroya”. “Llevamos la chaucha con menos de una hora de corte. Es como sacarla de tu huerta”. Otra credencial para mostrar: la escasa o nula utilización de agroquímicos. “Se están usando muchos productos ecológicos y orgánicos”, apunta Norberto, agachado junto a unos plantines. Se pone de pie y explica: “Nosotros pasamos seis o más horas por día en el invernadero, no podemos andar tirando químicos ahí”.
El pronto arraigo que logró la feria trajo algunas consecuencias no previstas. Los vecinos pedían (y piden) productos que no son de estación o verduras y frutas que no se siembran en la zona. Los productores comenzaron a incorporar algunas de las demandas, y proyectan realizar intercambios con otras ferias del país para poder mantener el perfil de los productos de origen familiar. La intención es abonar un “trabajo cultural respecto al consumo”, en el que deberán insistir para fortalecer el trinomio calidad, precio y variedad en función de la realidad local.
Queda escasa luz. Norberto invita a pasar a su casa. La entrevista entra en su epílogo. Antes de despedir al cronista, el hombre insiste en el legado presente que ofrenda la feria, tanto “en el sentido de la calidad de los productos y  en la referencia de precios que da a los vecinos”, aporte no menor en días de desbarajustes y especulaciones comerciales varias.


Autor
Claudio Jose Minoldo

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