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Educación y medio ambiente: interrogantes hoy

Educa a los niños para no castigar, luego, a los padres.  
Pitágoras, filósofo  griego.

Por: Oscar Beas (Grupo Ecológico Jesús María - GRUEJMA)

Comienza la vorágine de movimientos rutinarios que genera el inicio de un nuevo período lectivo de clases, para la realimentación en tiempo y espacio, de nuestro sistema de convivencia civilizada, entre los seres humanos que habitamos esta privilegiada geografía, que constituye la ciudad de Jesús María. Es que empezaron las clases,  chicos. El tiempo del aprendizaje para ser adultos responsables y solidarios.
La reflexión del epígrafe -de uno de los pensadores más rigurosos de nuestra civilización occidental (acordémonos del famoso teorema de Pitágoras)- nos sugiere la trascendencia que siempre debe tener la Educación para la formación de los futuros ciudadanos.
El paso del tiempo modifica los intereses comunitarios y colectivos, los valores culturales entre ellos, pero siempre predomina el afán de preparar física y mentalmente a las generaciones que vendrán.
Nuestro aporte como ambientalistas es insistir en solicitar que la Ecología se transforme,  no en una referencia de las ciencias naturales, sino en materia de promoción en idéntica jerarquía que la escritura o las matemáticas porque el cuidado del ambiente es una exigencia de los nuevos tiempos. Es un nuevo valor cultural de primerísima jerarquía, que debe ser internalizado por todos los ciudadanos. De allí el rol decisivo de la Educación.
Hay muchas voces que reclaman cambios, aparte de los consabidos objetivos de la Agenda 21 de la Naciones Unidas y otras ONG. También los científicos  advierten sobre evidencias incontrastables sobre el deterioro de los ecosistemas más sensibles que preanuncian consecuencias de catástrofes climáticas seguras.
Los que reniegan de estas predicciones argumentan que en el Cambio Climático tienen influencia las radiaciones solares, algo difícil de probar.
Esta necesidad de cambios urgentes y globales, en los modos de vivir, patrones de consumo y  replanteos de función de la economía, de conceptos como calidad de vida, urbanismo, desarrollo humano, divulgación científica, pobreza, bioeconomía, escasez de agua y energía, entre otros, son interrogantes que exigen innovaciones intelectuales rigurosas; porque a las tecnológicas las proporciona el mercado todos los días mediante adelantos no imaginados hace poco tiempo. Aparatos diminutos para transmitir mensajes e imágenes lo confirman.
Hasta el Papa Francisco ha impuesto un llamado de atención, por sus hábitos y costumbres austeras y simples, apuntando al corazón del problema, al señalar una Iglesia para los pobres y la prioridad del cuidado del ambiente y del otro. Es que no queda mucho tiempo para reaccionar ante tamaña ceguera humana que privilegia el tener por el ser, estimulando hasta el paroxismo un hiperconsumismo voraz, degradante de la condición humana y causante del permanente  y dañino deterioro  ambiental.
Seguramente no es una tarea menor. Siempre fue utópica y de imposible concreción por los  intereses en juego: las poderosas multinacionales y financieras, dueñas del poder en el mundo. Hay un hecho que ejemplifica el desafío de ruptura necesario. En 2009, se reunieron 119 jefes de estados mundiales en Copenhague, Suecia,  para abodar el  Cambio Climático y las medidas políticas para enfrentarlo. Allí, un presidente latinoamericano, recientemente fallecido, denunció en su alocución: ‘Señores, no seamos hipócritas porque si fuera necesario auxiliar a un Banco, seguro que sería salvado’.
Pero defender la creación, como señala el Papa Francisco, o sea el ambiente, eso no. La reunión fue un fracaso.
Tampoco el facilismo de  señalar sólo culpas ajenas porque -al considerar el tema Educación- todos, absolutamente todos somos responsables con  nuestra conducta diaria y de estar informados sobre el tema. Hablamos también de la Educación no sistemática, o sea, la del hogar, con los ejemplos de los padres, con el consejo oportuno y la imposición de límites  cuando fuere necesario. Asimismo, los maestros y profesores deben asumir compromiso con su rol, adquiriendo una formación académica sólida en consonancia con los tiempos actuales,  del aquí y ahora, favoreciendo la crítica y los debates sobre estos interrogantes.
Así, formaremos verdaderos ciudadanos.
Por estas cosas, por el futuro de nuestros hijos, creo vale una reflexión para relacionar la Educación con el cuidado del ambiente y el papel que debemos cumplir, según el lugar donde nos encontremos y con buena onda.
Claudio Jose Minoldo

Claudio Jose Minoldo

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