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Apuntes sobre la contradicción entre argentinos

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Traen una visita a Córdoba que exalta la figura de Thatcher y nadie dice nada. Enojo por política en el tema inundaciones.

Resulta realmente llamativo que escasos colegas cordobeses hayan repudiado la encendida defensa que hizo Álvaro Vargas Llosa sobre la fallecida ‘Dama de Hierro’ Margaret Thatcher. Con excepción de Betina Marengo de La Mañana de Córdoba, la mayoría tuvo tibieza a la hora de referirse al exabrupto que el hijo del escritor Mario tuvo en su reciente paso por Córdoba.
Marengo recordó en un artículo que Thatcher fue la responsable política de haber avalado el hundimiento del Crucero General Belgrano, el 2 de abril de 1982, pese a que está documentado que el barco estaba afuera de la zona de exclusión de guerra. 323 soldados y tripulantes murieron ahogados en el Atlántico Sur porque el submarino nuclear Conqueror, enviado por Thatcher, torpedeó esa vieja nave que no estaba en combate.
Ninguno de los cordobeses que estuvo allí, mientras Vargas Llosa la recordaba como una defensora de la ‘libertad’, tuvo la decencia de recordarle al político peruano que lo que hizo Margaret Thatcher encuadra en la categoría delitos de lesa humanidad y que no prescriben sus crímenes aunque haya muerto a los 87 años sin un juicio por ese crimen.
No se aplica en este caso el lema aquel que asegura que el que calla otorga, pero el silencio resulta cuando menos llamativo en un país que no logra serenar su ánimo aunque ya hayan pasado 31 años de la guerra en la que perdieron la vida más de 600 compatriotas. La palabra Thatcher conjugada con Malvinas debiera cuando menos generar un generoso y prolongado abucheo.
Donde no hubo silencio, por otra parte, fue en la denuncia sobre la politización en la entrega de materiales a los damnificados por las inundaciones en La Plata y otros lugares de Buenos Aires.
Cada uno que juntó materiales para donar, intentó capitalizar políticamente el esfuerzo y eso encendió un debate tan estéril como contradictorio. Si era necesario que algunas agrupaciones partidarias se identificaran o no con pecheras, no forma parte de la discusión de fondo.
A gente que ha perdido todo, lo único que lo conmueve es la solidaridad de otros argentinos en ese trance difícil. Sería milagroso que un damnificado recuerde -a la hora de votar- si la entrega de las donaciones las hizo un compatriota con o sin pechera partidaria.
Pero ese hecho, el de la identificación partidaria, generó un enorme debate sobre la conveniencia o no en una causa nacional como la de las inundaciones de portar algo que identifique a una persona con una consigna partidaria.
¿No han sido demasiados los años de apatía juvenil frente a la política como para condenar ahora a los que se deciden por algún tipo de militancia?
¿No es deseable que se formen nuevos cuadros políticos que desplacen a los que se han adueñado de los espacios de participación política?
¿No venimos criticando que desde hace muchos años son siempre las mismas caras las que rotan en los cargos electivos?

Al final, en qué quedamos
En definitiva, en dos ejemplos nos demostramos a nosotros mismos que somos contradicción pura porque no repudiamos lo repudiable -que alguien ensalce a un criminal de guerra- y repudiamos lo que, por otra parte, declaramos deseable y venimos solicitando desde hace mucho tiempo.
Tampoco es para caer en el facilismo de explicarnos a partir del famoso crisol de razas ni de la descendencia desde los barcos ni de nuestra naturaleza tanguera que nos lleva a exagerar nuestras virtudes, pero también nuestros defectos.
Pero tampoco resulta descabellado pedirnos un poco de coherencia a partir de algunas coincidencias básicas.
Y los argentinos hemos aprendido a concertar algunos temas, especialmente, en lo referente a democracia, libertad de expresión, libertad de circulación, y derecho a la libre autodeterminación como pueblo.
Acordamos que ciertas libertades serán absolutas y que nada podrá, en el futuro, restringir el ejercicio de algunos derechos básicos.
Ese nucleo de coincidencias nos obliga, en cualquier circunstancia, a repudiar todo aquello que ofende nuestra memoria o la de nuestros muertos. También a respetar las elecciones de otros compatriotas a elegir espacios de militancia política y partidaria, aunque no nos caigan simpáticas o no nos resulten convenientes.
En definitiva, obligarnos a hacer causa común frente a la afrenta y ser tolerantes también.


Autor
Claudio Jose Minoldo

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