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Discriminar, eso no está nada bien

La sociedad avanzó mucho respecto de la no discriminación, pero lo distinto sigue siendo un 
desafío en términos de inclusión.

Caso 1, Jesús María, Colegio Privado. Un grupo de niños separa a un compañerito porque tiene la piel “marrón”. No juegan con él y le hacen saber por qué no juegan con él. No saben esos niños que hubo gente de piel “marrón” que hizo cosas extraordinarias por el mundo. Nelson Mandela en Sudáfrica, Martin Luther King en los Estados Unidos, Stephen Biko, Malcolm X,  por mencionar ejemplos de aquellos que hicieron grandes cosas por la integración. Faltan padres que enseñen a sus hijos que el color de piel no se contagia y que enseñen que la claridad de la piel no hace a las personas ni buenas ni malas. Falta educación. Y sensatez. Estamos en el siglo 21.

Caso 2, Colonia Caroya, escuela pública. Un grupo de niñas separa a una compañerita porque tiene obesidad. No juegan con ella y le hacen saber que el sobrepeso es un límite intolerable para ser admitida dentro del grupo. Esos niños no saben que la cantante que más discos vendió durante 2012 fue Adele, una rellena y enorme cantante del Reino Unido a quien el sobrepeso la tiene sin cuidado. Esos niños nunca se rieron con las películas y programas del “gordo” Porcel. Tampoco saben que uno de los cantantes líricos más importantes de la historia se llamaba Luciano Pavarotti y pesaba una enormidad. Ni lo vieron actuar en sus últimas películas a Marlon Brando, el inolvidable Corleone de la saga El Padrino. Faltan padres que enseñen a sus hijos que la obesidad es una enfermedad que afecta a una de cada tres personas en el mundo y que la gordura no se contagia. Faltan padres que enseñen a sus hijos que el sobrepeso no hace a las personas buenas o malas.

Ejemplos que entusiasman
Caso 3, Jesús María, escuela pública. Salen al recreo alumnos de primer año. Él se toma de los hombros de sus compañeros y sale al patio a jugar. Su discapacidad visual no es ningún límite para que sus compañeros y docentes lo incluyan como uno más dentro del programa de estudios. En ese mismo colegio, sobresale un alumno con síndrome de down que logró adaptarse sin ningún problema a los requerimientos escolares. Tampoco es separado por sus compañeros y se lo nota feliz de encontrarse entre pares. En esta escuela, la confluencia de directivos, docentes y padres operó un milagro de inclusión que debiera replicarse en otros establecimientos. Son ejemplos, además, de que no siempre las escuelas especiales son la única opción para personas con discapacidad.
Y hay infinidad de ejemplos de integración entre personas con discapacidad que participan de espacios de inclusión laboral junto a instituciones con niños y adolescentes sin discapacidades. Y ejemplos de anónimos colaboradores que destinan tiempo y recursos para que las personas con discapacidad encuentren el lugar que la normativa señalan que tienen que tener.
Que te discriminen por el color de tu piel, por obeso, o porque tenés alguna discapacidad parece una consigna de otro siglo, pero lamentablemente se sigue reiterando.
Los estudiosos aseguran que es el miedo a lo distinto lo que paraliza, lo que genera rechazo, lo que culmina en discriminación. No parece, a esta altura de los acontecimientos, una excusa válida para seguir separando vecinos del normal desenvolvimiento comunitario.
Tener miedo a lo distinto debiera ser caratulado estupidez y, lamentamos confirmarlo, la estupidez es altamente contagiosa en sociedades donde los padres no educan y permiten que sus hijos estén sumidos en la ignorancia.
Porque nadie está exento de tener un obeso en su casa, o un familiar con la piel un poquito más oscura, o con algún tipo de discapacidad, aunque más no sea temporal.
Estos tiempos exigen un compromiso mayor en la difusión de valores que apunten a la igualdad. No solamente de derechos sino también de oportunidades.
En esos términos, qué bueno sería encabezar la lista de países que más esfuerzos hacen en torno a la inclusión, el que mayores programas tenga para que ese cometido se cumpla, y el que mayor compromiso de sus ciudadanos tiene en pos de ese ideal de un mundo con menos barreras. Porque -como dice la canción- ‘discriminar/eso no está nada bien/ante los ojos de Dios/somos todo iguales’.
Claudio Jose Minoldo

Claudio Jose Minoldo

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