En foco
Pin It

Widgets

Alejandra Vicari Ballet: 18 años en puntitas de pie

Tal vez te interese

Foto Gentileza Cristian Giorgis
Desde que se subió a unos zapatitos de ballet a los 3 años, Alejandra Vicari nunca volvió a bajarse. Llegó a bailar en el elenco estable del teatro San Martín, pero prefirió la docencia antes que imponerse todos los sacrificios de una bailarina clásica.

El impulso artístico de los abuelos maternos, Roberto Spinosa (bailarín de tango) y Elma Silva (cantante soprano), fueron decisivos para que Alejandra Vicari se inicie en el ballet clásico cuando tenía poco más de 3 años. De hecho, esos abuelos financiaron casi toda la carrera como estudiante de Vicari y lo hacían con enorme gusto por esa nieta que bailaba mientras ellos cantaban y se acompañaban con el piano.
Claro, hace 30 años no había casi maestros de ballet en Jesús María y Vicari comenzó sus primeros palotes con “Chiqui” Tejedor, una muy nombrada maestra de aquellos tiempos.
“Tengo recuerdos de que Chiqui era una gran maestra y tuve y tengo grandes maestros. De cada uno de ellos guardo cosas, aunque mi base -siempre digo- la tengo de Chiqui Tejedor”, reconoce Vicari.
Esa etapa abarcó entre los 3 y los 9 años. Después, hubo que partir a la ciudad de Córdoba para seguir aprendiendo. El seminario del teatro del Libertador San Martín se transformó en su segundo hogar. Alejandra llevaba anotado en un papelito el recorrido que tenía que hacer para ir a clases, aunque los abuelos siempre estaban dispuestos. Tanto va el cántaro a la fuente que al final... Alejandra ingresó al elenco estable cuando tenía 15 años y permaneció en esa exigente carrera hasta los 19, cuando la presión se hizo insostenible.
“Necesité un stop y comencé a dar clases, aunque nunca dejé de tomar clases y seguir perfeccionándome, pero me cansé de tanta presión. Ya no me sentía tan feliz como al principio. Comer un yogur por día a mí me hacía daño. Estaba mal mi salud, estaba mal mi mente, estaba mal conmigo misma, y por consiguiente estaba mal con el resto”, rememora de aquella época.

Volver a empezar
Foto Gentileza Cristian Giorgis
Vicari asegura que vivió la época de oro del teatro San Martín cuando entre los maestros se contaban Enrique Firpo,   o Silvia Stefanelli. Pero era una vida dura la que proponían porque las bailarinas no podían tomar sol, ni comer grasas.
“No podías respirar, no podías crecer porque si crecías de más ya no servías más”, señala la bailarina sobre las exigencias en el primer nivel de la danza.
Entonces, la vuelta de tuerca fue poner en marcha todo lo que había hecho en términos de ayuda a los demás. “Siempre tuve esas ganas de corregirme y cuando mi cabeza hizo crac me dije ‘quiero trasmitir mi arte de otro modo’, ‘no quiero más bastones en las piernas’”, sintetiza.
Una vecina de Colonia Caroya, Kela Azabal, le prestó el garage de su casa para comenzar a impartir clases y allí comenzó formalmente la academia con tres alumnas: María Eugenia Vicari, Carolina Bergon, y Carla Azabal.
Después de allí, el Bochas Sport Club, presidido en aquel entonces por la “Teja” Roggio, le abrió las puertas de la institución. Allí, tuvieron que trabajar mucho porque no había telón ni bambalinas, pero contaban con el apoyo incondicional de la dirigencia.
Mientras tanto, en Jesús María, Vicari se puso de acuerdo con Néstor Colazo para dar clases en Nadar durante dos días.
La necesidad de incrementar la cantidad de horas de clases, por la demanda de las alumnas, hizo que Vicari aceptara la sugerencia de su padre de ofrecer el servicio en el Club Social, un club donde casi no ingresaban mujeres. El objetivo de instalarse allí era, según la dirigencia de aquel entonces, cambiarle la cara. En ese lugar, lleva más de una década ofreciendo clases de danza clásica, contemporánea, flamenco, tap, entre otras.
Vicari asegura que no lleva registro de la cantidad de bailarinas que pasaron por su escuela, pero afirma que tiene un recuerdo de cada una de las que pasó por allí.
Alejandra aclara durante la entrevista que ella es la que pone el nombre, pero que la academia se sostiene con el trabajo del resto de sus colegas que enseñan con ella, codo a codo, y junto a quienes organiza los espectáculos, las coreografías, y junto a quienes comparte la pasión por la danza.
Vicari se reconoce difícil porque tiene un temperamento explosivo y es muy autoexigente, producto quizás de que no puede quedarse quieta. Si fuera niña, probablemente, encuadradía en la categoría con sobredosis de energía.
Pero esa forma de ser es la que también la lleva a organizar eventos con infinidad de detalles y mucho respeto por el que está debajo del escenario, por el público.
Vicari sabe que muchos de sus alumnos no llegarán a bailar en las grandes ligas, pero el cometido de su academia no es ése sino ampliar la base de personas que adquieren gusto y amor por la danza en cualquiera de sus categorías.
“Sé que la danza clásica no es para todo el mundo, pero aquí en mi escuela todo el mundo baila danza clásica porque ayuda a formar la postura del bailarí, porque te libera el alma, porque te hace feliz. Todo el mundo tiene la posibilidad en nuestra escuela de sentirse bailarina”, sentencia con seguridad.
El “ser” de Alejandra está puesto en cada una de sus clases. Lo reconocen quienes tienen que aprender con ella.


Autor
Claudio Jose Minoldo

Blog de Interes, recomiendanos

No hay comentarios :

Leave a Reply

Contacto

Contacto

Anuario 2016

Alojamiento en Jesús María

Primer Día

2016. Año VIII.
Año Ocho.
Hecho en Jesús María, Córdoba (Argentina)
Todos los derechos reservados.
Las opiniones emitidas no necesariamente reflejan las opiniones o posiciones de los administradores de Semanario Primer Día.

Seguidores

Archivo del blog

Nuestra misión es dar a conocer nuestros servicios gratis Ayudadeblogger.com