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Editorial: Una desgracia ciudadana

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Si la tarea de controlar el gasto público no la realizan los partidos políticos que se enrolan en la oposición, quién defenderá los intereses ciudadanos.

No hablemos de teoría, hablemos de praxis. Usualmente, quienes gobiernan tratan de reducir a su mínima expresión a quienes son opositores y se valen de cientos de artilugios para lograr ese cometido.
Pero viene pasando que en nuestro país, en nuestra provincia, y en nuestra región la oposición se viene minimizando a sí misma a un ritmo demoledor. Pareciera un autoboicot, una negación a asumir el rol para el que los eligieron, esto es, ser opositores. Porque no están allí por voluntad de su partido político. Hubo votos que los colocaron donde están, es decir, hubo votantes que los eligieron aun a riesgo de que no ganaran las elecciones y lo hicieron porque confiaban en el que el control del gasto público iba a estar mejor en sus manos.
Los eligió legisladores, concejales, tribunos de cuenta. Y como no ganaron las elecciones, debieran tener como mandato primordial resguardar los dineros que los contribuyentes realizan para sostener la vida pública.
Pero no lo hacen. Y no lo hacen porque no quieren o no saben o no pueden. Ni siquiera es que están inmersos en una interna partidaria o definiendo estrategias para criticar con fundamentos al gobierno de turno.
Para quienes tienen la responsabilidad de conducir nuestros destinos (nación, provincia, municipios) la ausencia de una oposición tampoco es bueno. Alguien tiene que capitalizar la crítica -constructiva desde luego-, señalar desaciertos, comunicar desacuerdos, fiscalizar el uso racional de los recursos públicos, y ser guardián del tesoro que los vecinos confían a quienes gobiernan.
Porque nadie está exento de errores, nadie puede atribuirse la perfección o la infalibilidad.
Sin embargo, del otro lado... ¡la nada!.
Y representa una desgracia ciudadana porque los opositores también reciben una remuneración. No se trata de personas que cumplen esa función por “el pancho y la coca” sino por una retribución por encima de la que muchos vecinos cobran.
Y representa una desgracia ciudadana porque se siguen postergando los proyectos normativos que cada ciudad precisa y en cuya redacción debiera participar activamente la oposición también.
Salvando honrosas excepciones, la oposición en nuestra región no generó ni una nueva ordenanza. Tampoco convocó a los medios de comunicación locales para expresar sus desaveniencias con el gobierno de turno.
Ni siquiera los partidos políticos cumplieron con esa misión y esto se aplica para los tres municipios vecinos.
Los opositores están esperando alguna investigación periodística para “colgarse” de ella y denunciar. Están esperando que el rol que ellos no ocupan lo ocupe la prensa. Y están sumamente preocupados por saber si las pautas publicitarias que tiene el municipio con los medios de comunicación locales son razonables o no.
Construir un discurso opositor demanda tiempo y trabajo. No basta con asistir a una sesión semanal de Concejo Deliberante o de Tribunal de Cuentas. Fiscalizar las cuentas públicas demanda sacudirse la modorra y pensar seriamente en los intereses de la ciudadanía antes que en la comodidad propia. Podemos decirlo nuevamente: opositores, a las cosas.


Autor
Claudio Jose Minoldo

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