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La Casa de Matías cumplió sus primeros 18 años trabajando por los más pequeños

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Comenzó con cuatro pequeños con frío y hambre y se fue transformando en una gran familia donde se alimenta el cuerpo, pero también el alma. Lo festeja con un almuerzo.


Aunque la fecha oficial de aniversario es en agosto, la ocasión de la celebración por los 18 años se pospuso hasta este domingo cuando la casa se poblará de amigos de esta obra solidaria para compartir un almuerzo.
Es la costumbre que instalaron los Rodríguez, Luby y Roxana, como una forma de decir “Gracias” por la infinidad de manos solidarias que alguna vez acercaron algún tipo de ayuda.
Y es la oportunidad para repasar todo lo bueno que se hizo y todos los aprendizajes que fue dejando la vida de la institución a lo largo de estos 18 años, plagados de amor al prójimo.

“A los chicos les hacía falta una contención, una incentivación y acá la encontraron”

Roxana Rodríguez repasó algunas de las enseñanzas que fue recopilando a lo largo de estos 18 años en que viene funcionando La Casa de Matías como hogar para muchos niños y niñas.

Ustedes usan cada aniversario como una suerte de homenaje a quienes colaboran ¿es así?
- Exactamente. Cuando cumplimos el primer año, en recuerdo del día en que traje los primeros cuatro chicos a desayunar, como católica lo relacioné con el día de San Roque y de San Juan Bosco. Y también era homenajear que cumplíamos el primer año con la solidaridad de la gente, con su ayuda. En realidad, si tuviéramos que invitar a los que colaboraron tendríamos que invitar a todo Jesús María, Colonia Caroya y Sinsacate porque quién no trajo alguna vez algo. Lo que hacemos en invitar a la gente que permanentemente y todo el año nos da una mano, como son los que nos ayudan con la carne, la verdura, el pan.

En 18 años pasaron muchas cosas. Tenías hijos chicos que se hicieron grande y te hicieron abuela. Cuando salís afuera y ves la mesita donde arrancó todo ¿qué sentís?
- Me da mucha satisfacción. Por eso no he querido ni moverla, ni arreglarla. Está como cuando empezó todo. Los chicos que ocuparon esa mesa, vienen a visitarme y se acuerdan de esa mesa. Recuerdo que mis hijos eran chicos. Marcos tenía 12 o 13 años; Lucas, 9; y Juan Pablo nació aquí estando con los chicos. Han crecido con ellos. Siempre digo que mi cara es la que sale en todos lados, pero a mi familia y mi esposo -que es un santo- nunca les pregunté si querían hacer esto o no. Fui haciendo y como vi que tenía apoyo y me ayudaban, seguí adelante. Jamás me cuestionaron si no les lavé una camisa o no alcancé a lavarles una ropa sucia.

Seguramente, tus hijos habrán aprendido otras cosas de ustedes como padres
- Siempre digo que no se van a quedar con ninguna herencia material, pero creo que con su papá les hemos podido dar muchos ejemplos de solidaridad, y valores que se manejan acá adentro que ellos habrán sabido valorar. Tengo nietos de ellos y también muchos nietos del corazón.

En la línea de los sueños estaba el deseo de que alguno de los chicos terminara el secundario y eso ocurrió. 
- Cuando arranqué quería que terminaran la primaria y algunos lo pudieron hacer en la primaria de adultos en la nocturna. Después, fui un poquito más allá con el ciclo básico unificado del nivel medio y, después, me dije ‘el secundario completo’ lo tienen que hacer. Los varones lo terminaban obligado y me decían ‘no estudio más, quiero trabajar’. También tuve la oportunidad de tener una alumna terciaria que cumplió mucho mis expectativas. Todavía creo que hay muchas chicas que tienen chances de seguir.

¿Notás que La Costanera cambió algo en estos 18 años?
- La Costanera es un barrio que quiero mucho, al que ayudo mucho, pero es un barrio difícil. No tiene centro vecinal porque muchas veces no se ponen de acuerdo. Las familias de los chicos que yo he tenido han ido cambiando con el tiempo porque los chicos han empezado a llevar lo que aprendían acá. De todas maneras, hay que respetarlo al barrio y no tratar de imponerle nada porque ellos tienen su forma. En todo caso, los chicos que pasaron por acá y formaron su propia familia irán cambiando con sus propios hijos.

En el fondo la Casa de Matías es como una escuelita para la vida ¿no?
- Cuando traje estos chicos y empezaron a traerme otros y más y cuando me quise dar cuenta tenía 36 chicos en mi cocina, dije ‘levanten la mano los que van a la escuela’ y solo diez la levantaron. Ahí, le dije a mi esposo ‘darles un plato de comida y que vuelvan a la calle no les sirve a ellos ni a mí’. Entonces, hay que formarlos, educarlos, prepararlos para la vida y estos chicos deben estudiar. Ahí es cuando empiezo a dar mucho más valor a la educación, a la formación, y a darles apoyo escolar. A estos chicos les hacía falta una contención, una incentivación y acá la encontraron. Es una casa de contención, pero a la vez viven en familia.


Autor
Claudio Jose Minoldo

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