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El Programa Universitario para Adultos Mayores presente en la zona desde hace ocho años

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Con la excusa de repasar el interesante programa que se aborda todos los lunes, dialogamos con Fulvio Stanis sobre la presencia del programa en nuestra región durante ocho años consecutivos.


El PUAM es un programa de extensión de la Maestría en Gerontología de la Facultad de Ciencias Médicas (UNC), dirigido a personas mayores de 50 años.
En Jesús María, Fulvio Stanis lleva ocho años coordinando el taller de Estética y reflexión filosófica, un espacio del que participan en forma permanente entre 25 y 30 personas. Lo curioso es que parte de ese elenco ha sido relativamente estable lo que obligó al docente a recrearse permanentemente para poder sostener la asistencia.
Y lo logra, a decir por el intenso debate que se generó el pasado lunes mientras repasaban el plan de operaciones de Mariano Moreno, uno de los tantos textos que abordarán en lo que queda del año.

¿La experiencia del PUAM en Jesús María ha resultado valiosa? 
- En todo sentido es positiva la experiencia. La mía como docente porque te plantea un desafío de vinculación con la comunidad que es distinto a dar clases en la universidad. Hay otras expectativas, otras inquietudes. Nadie aquí está haciendo una carrera sino que en realidad esto tiene que ver con el puro placer por el conocimiento. Y para ellos (los asistentes) porque son parte de un grupo muy inquieto porque varios de ellos hacen distintas actividades intelectuales. Aunque uno venga de Córdoba, es como estar integrado a una actividad cultural semanal de Jesús María. Desde ese punto de vista, la continuidad me parece lo más rescatable.

Cuando a un adulto le llega la jubilación, después necesita un espacio donde no solo recibir sino donde poder hablar ¿Es un común denominador?
- En muchos casos, quien viene al PUAM o le quedó algo pendiente por hacer dentro de estas lecturas o ha realizado actividades afines como profesional que luego de su etapa productiva quiere seguir con esta cuestión intelectual que lo mantiene en forma. Esto genera a la par un vínculo social, van de la mano ambas cosas. En realidad, se vuelcan todo lo que tienen ellos como conocimientos previos de todo lo que han adquirido en el pasado, pero también se pone en juego la propia experiencia de vida. Es un lugar de encuentro por el conocimiento y un lugar de vinculo social fuerte, afectivo también desde todo punto de vista, y un lugar donde resulta valiosa la propia historia y la propia vida.

Al organizar el programa, lo hacés con una expectativa. ¿Lo que pensaban que los adultos necesitaban fue realmente lo que necesitaban?
- Aquí hay cosas que se han ido aprendiendo. Quienes nos formamos académicamente nos formamos para dar clases a un determinado grupo, que son jóvenes y que se va cambiando permanentemente porque egresan y se van. Es atípico que uno tenga un mismo grupo de gente ocho años. Eso es raro. Con lo cual te obliga a reformular cuestiones desde el punto de vista de lo pedagógico, lo didáctico, la renovación de contenidos porque estás viendo a la misma gente. Llega un momento en que te decís ‘y ahora, qué les ofrezco’. También hay cosas que tienen que ver con los procesos propios del adulto mayor donde los tiempos son más pausados, cuestiones que hacen a facilitar cuestiones didácticas como qué tipo de copias se entregan, con qué tamaño de letra, cosas que en otro contexto no se tienen en cuenta. Que haya una previsión en la organización. De manera que hay muchos elementos que se van redefiniendo a lo largo del tiempo. Y en cuanto a si se cumplieron los objetivos, digo que sí porque poder sostenerlo en el tiempo implica que de alguna manera el grupo te acepta porque no es obligatorio para ellos venir. Córdoba tiene casi 2500 alumnos del PUAM entre la ciudad y el interior y habla de una necesidad, pero también de un buen público para receptar esta propuesta de la universidad.

2500 adultos con interés por el conocimiento se transforman en potenciales actores sociales porque los 65 años no son edad para que vuelva a su casa a no hacer nada
- Totalmente. Aparte están liberados de la necesidad de la necesidad de la vida productiva y tienen tiempo de dedicarse a cosas que, probablemente, la gente más joven no tenemos. Pensar un poco, leer esto, preparar lo otro. En realidad, resultan muy buenos actores sociales. Aun en su propia especificidad de modo que los propios adultos mayores sean creadores de su propia política en los lugares donde funcionan espacios públicos para ellos. Es un dinamismo social distinto. Y sumado a que se dan situaciones particulares cuando, por ejemplo, se encuentran con sus nietos que también están estudiando en el secundario y hay intercambio y una valoración por la actividad que tienen, porque sigue habiendo proyectos de vida y una inquietud permanente.
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Lunes, de 15 a 17 en el salón pegado a la capilla del Hospital.


Autor
Claudio Jose Minoldo

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Año Ocho.
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