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Editorial: Paradoja del liderazgo

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Líderes brillantes y equipos regulares o líderes regulares y equipos brillantes son el motivo de algunas reflexiones sobre las instituciones.

La inteligencia de un líder estará en saber rodearse de gente calificada para acompañarlo en la tarea de conducir una institución a lo largo de un período de tiempo y que ese proceso resulte exitoso. Pero lo que parece un ejercicio sencillo, en algunas instituciones resulta cada vez más complejo llevarlo adelante.
En parte, porque cada vez hay menos líderes y los que se postulan como tales prefieren como colaboradores a personas que “no le hagan sombra”, que no sobresalgan, que no se destaquen por encima de quien conduce.
Creen, secretamente, que su capacidad será bien valorará por la comunidad porque en la comparación resultará evidente quién puede más y quién menos. Craso error: al juzgar el accionar de una institución o se salva el conjunto o no se salva nadie.
También, existe la tendencia en algunas instituciones a elegir a los colaboradores o al equipo entre los amigos, como si el vínculo amistoso fuese sinónimo de confianza, de colaboración estrecha, de hermandad de objetivos. La realidad indica que no sucede eso y que, por el contrario, elegir entre los amigos hace más dificultoso desembarazarse de ellos cuando no están a la altura de los desafíos que requiere la organización.
Tristemente hay que reconocer que muchas personas altamente calificadas no participan de la vida de las instituciones porque la única viscera sensible que tienen es el bolsillo y miden todo en función de costo/beneficio.
En ese contexto, es mejor encontrar un líder que no sea tan brillante pero que tenga la apertura suficiente para rodearse de gente mejor que él para plantearse objetivos y conseguirlos en el tiempo. Un líder así podrá crecer porque encontrará en cada mesa de debate la posibilidad de confrontar sus limitaciones con mejores propuestas e ir encontrando maneras de enfrentar los desafíos de cambio que proponen permanentemente las instituciones.
La reflexión se aplica tanto a la persona que le toca en gracia la conducción de una cooperadora escolar, de una asociación de amigos de una fuerza de seguridad, de una mutual, de un club, de un cuerpo legislativo, y de un Departamento Ejecutivo.
Está demostrado que a nuestra región le va mejor cuando en sus instituciones ocupan lugares personas con capacidades, talento, y vocación de servicio. No es casualidad que en una década hayamos asistido al crecimiento de un sinnúmero de organizaciones. Tampoco es casualidad que en una década hayamos asistido a la decadencia de otras tantas organizaciones.
Motorizar cambios es una posibilidad que está en manos de todos y no de unos pocos. Muchas veces hace falta invitar, convocar, ceder espacios, a personas valiosas para poder ir construyendo lo que falta. Para que nadie se arrogue el don de la infalibilidad ni el don de la imprescindibilidad.


Autor
Claudio Jose Minoldo

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