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Medio ambiente y calidad de vida

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No hay pasajeros en la nave espacial tierra, todos somos tripulantes. 
M. Mc Luhan filosofo y escritor canadiense

Por: Oscar Beas (Grupo Ecológico Jesús María - GRUEJMA)

Dias pasados celebramos el Día Mundial de la Tierra, impuesto en el calendario universal por  las Naciones Unidas, en reconocimiento al activista ambiental  y Senador estadounidense Gaylord Nelson que el 22 de abril de 1970, preocupado por los problemas de contaminación, biodiversidad y otros que ya  se manifestaban, realizó quizás la primera  campana pública de concientización, dando origen a la creación  ministerial de la Agencia Ambiental de ese país.
La ocasión es propicia para reflexionar sobre los avances y retrocesos  en  esa lucha, en defensa del medio ambiente,  y de analizar de qué manera deben  traducirse esos vaivenes, en  calidad de vida concreta,  de los ciudadanos.    Las conclusiones que se obtienen de esta mirada, normalmente se tinen de  ideologismos, por razones obvias de intereses económicos y políticos, pero si de algo estamos seguros, es de lo siguiente: tenemos que hacer algo, tenemos que reaccionar porque ya no nos queda mucho tiempo.
Debemos asumir nuestro compromiso ambiental, sin más vueltas ni echar  culpa a otros. Cada uno desde su lugar de trabajo o de paseo, en su hogar o en su barrio y en todas las circunstancias posibles. Ponernos las pilas “como dicen los chicos” y con  buena onda, ahorrar energía y agua, por ejemplo, y para empezar ya. Y, dentro de ello,  un sinfín de buenas prácticas que mitiguen las consecuencias funestas para el medio ambiente, de nuestra ¨Huella Ecológica*, entendida como el deterioro inevitable que deja tras de sí, nuestro modelo de vida hiperconsumista, que se  sustenta en el Tener, en detrimento del Ser;  modelo  de vida generador a ultranza, de un brutal relativismo estético,  que privilegia únicamente lo joven y  lo bello, desechando por inservible todo lo que no esté de moda.
Por ello, debemos  señalar claramente, qué entendemos por calidad de vida, como objetivo de  nuestra existencia diaria de  personas normales. Para informarnos adecuadamente, abordaremos conceptos según la visión de las Naciones Unidas, sobre Desarrollo Sustentable  como  matriz económica,  y del   Desarrollo Humano relacionándolo con el medio ambiente,  y las  acciones necesarias para la protección de los ecosistemas, afectados por ese desarrollo.
En el primer caso, el desarrollo se considera sustentable  cuando se pueden alcanzar los requerimientos humanos vitales del Planeta en el presente sin comprometer su capacidad de respuesta para las generaciones futuras para satisfacer esos mismos requerimientos. Esto implica la concepción de respetar y entender la idea de que la mayoría de los recursos naturales de los que dependemos son finitos. Es decir que tienden a agotarse, si se los explota irracionalmente. De aquí surgen las consignas imperativas de Reducir, Reutilizar y Reciclar, hasta donde se pueda, los bienes de consumo y de uso.
Esta nueva corriente de pensamiento  está ya incorporada a las políticas económicas globales y cada día cobra mayor trascendencia,  por las consecuencias comprobadas, del cambio climático, derretimiento de glaciares polares y de las cordilleras, intensas sequías y desastres naturales que afectan a los débiles equilibrios de los ecosistemas del Planeta, con su secuela de víctimas humanas y daños a la Naturaleza. O sea,  si la actividad económica necesaria para nuestro existir no es sustentable, es inviable.
El otro concepto que se deriva en este análisis, es el de Desarrollo Humano y damos por supuesto que es el que más nos interesa, por la incidencia directa en las personas de carne y hueso que habitamos nuestro bello planeta azul. Para definir ese estándar de calidad de vida,  la mayoría de los especialistas económicos concentran sus afanes en el aspecto monetario para considerar el grado de de-sarrollo, desigualdad y niveles de pobreza. Es el primero sin dudas, pero no el único.
Existe en la actualidad una teoría impuesta por las Ciencias Sociales, a raíz de los aportes del Premio Nobel de Economía Amartyan Sen,  que amplían estos conceptos sobre bienestar humano, a tener en cuenta,  para definir calidad de vida, y que son considerados puntuales por las Naciones Unidas, cuando señala los objetivos del desarrollo humano en las sociedades de nuestro tiempo.
Este nuevo paradigma de calidad  de  vida considera tres dimensiones de evaluación, que interactúan entre sí, en una dinámica permanente: gozar de una vida larga y buena salud. En segundo lugar, acceder al conocimiento necesario para un buen desempeño social y laboral (Educación) y el tercero es tener un nivel de vida decente (salario o crecimiento económico). Como se aprecia, son fines de desarrollo humano, pero también son medios para obtenerlo. El  Programa  de la ONU lo denomina “dinámica del desarrollo humano”.
El proceso virtuoso sería que mejores niveles de salud hacen más productivas a las personas, al aumentar su rendimiento físico y  mental y mejores niveles de educación facilitan el desa-rrollo y la adaptación,  a nuevas tecnologías, que llevan a un crecimiento económico sostenido. Igualmente, mejor y  buena salud es mayor escolaridad y aumento de funciones cognitivas que redundan en buen aprendizaje, mientras que niveles de educación más altos, significan mejor nutrición y prevención de enfermedades, y por lo tanto mejor salud.
Finalmente, el crecimiento económico propio genera un mayor ingreso, que permite mejor nutrición y acceso a cuidados médicos, y más recursos para educación y capacitación. De esto se trata la mejor Calidad de Vida.
Como vemos, no todo está perdido, ni siempre se impone la ceguera de los agoreros o de los que no quieren ceder en sus privilegios. Hay personas preocupadas  por nuestra calidad de vida, y que quieren hacer aportes. Sí, aquí en nuestra ciudad de Jesus Maria, días pasados  cuando el autor de esta nota paseaba en bicicleta por la costanera de nuestro rio Guanusacate, una Maestra con sus alumnos recogían desperdicios limpiándolo. También hay ejemplos de funcionarios que trabajan seria y concientemente, en defender el medio ambiente, desde su lugar, exigiendo el cumplimiento estricto   de la legalidad en el manejo de agroquímicos o en el fomento de la forestación urbana, como es el caso del Ingeniero Eduardo Angulo de la Municipalidad de Colonia Caroya.
Finalmente  apelamos a la buena conciencia ciudadana para defender  el cuidado del medio ambiente y así mejorar nuesta Calidad de Vida, que debe incluir con seguridad,  otras virtudes, como  la solidaridad con aquellos sectores sociales marginales  y el respeto por el otro individuo, el diferente. Porque es parte de la maravillosa biodiversidad de la Madre Naturaleza, en la que  estamos inmersos también los seres humanos. Pero esta mención será motivo de otras reflexiones.



Autor
Claudio Jose Minoldo

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