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Aprender a cocinar y tener una salida laboral se propone un interesante taller en Caroya


La casualidad nos hizo descubrir un espacio muy intersante dentro de las propuestas que tiene Colonia Caroya para sus vecinos y que funciona en el CIC todos los miércoles por la mañana.

En el Centro Integrador Comunitario de Colonia Caroya existe una cocina que generalmente se usa para eventos, encuentros, o cursos. El pasado miércoles llamó la atención de Primer Día la utilización del espacio por varias mujeres, meta palo de amasar y preparando tapas para alfajores y medialunas, todo caserito, caserito.
Así fue que, después de ligar un par de riquísimos alfajorcitos de maicena, nos dispusimos a averiguar de qué se trataba eso y nos topamos con una linda sorpresa.
Carolina del Carmen Rodríguez hizo el curso oficial de cocinera y comenzó a ofrecer cursos de capacitación hace siete u ocho años. Primero fue en el Hogar de Día Doña Ana para después trasladar la experiencia al CIC.
“A las chicas les estoy dando todo lo que es básico. Un día cocina y otro repostería. Están aprendiendo como hacer pan, facturas, alfajores, y en cocina aprenden todo lo que es tradicional y, al mismo tiempo, lo que les permite ahorrar”, explicó Carolina sobre el funcionamiento del taller.
Cada asistente lleva la materia prima, prepara lo que se previó para la clase de ese día y después se lo lleva cocinado o listo para cocinar a su casa. El curso finalizará a fin de año. Aprenden a cocinar sin utilizar ningún producto químico como conservante ni aromatizante y se apunta a que aprendan a cocinar “sano”.
“A veces no hay tiempo para cocinar, pero la verdad es que la mayoría elige lo más fácil y compra los preparados en el súper”, acotó Carolina sobre si exige algún tipo de condición especial para aprender a cocinar.
El aprendizaje del oficio les sirve a las asistentes no sólo para mejorar su desempeño en su propio hogar sino que para muchas se transformó en la posibilidad de ingresar a un negocio del rubro. Varias de las que pasaron por este curso están trabajando en rotiserías, en restaurantes, o preparan y venden comidas en su hogar.
Mientras le daba forma a unas medialunas, Marta opinó sobre lo que le parece el curso: “Nos han enseñado a cocinar sano porque en mi casa cocinábamos con mucho aceite y demasiado condimento. Ahora cocino cosas sabrosas pero livianitas. A mi familia le cuesta adaptarse, pero estoy contenta con lo que estoy aprendiendo para mí”.
Otra de las asistentes, Romelia, tiene que trasladarse desde muy lejos para aprendee. Es joven, tiene dos hijos, y la sugerencia de que aprenda cocina le vino de una trabajadora social que le indicó que le sería útil para lograr que uno de sus hijos deje de estar por debajo del peso que le corresponde.
“En las reuniones que hacíamos con la trabajadora social aprendíamos algunas recetas, pero el año pasado no se hizo nada y me quedé ilusionada con la cocina porque me había gustado la idea de aprender. Cuando escuché que se hacía el curso acá en el CIC me anoté y me autorizaron la beca. Me encanta, me gusta, aunque llego siempre tarde. Aparte ahorrás un montón cuando sabés cómo se hace”, explicó Romelia.
“Apunto a que esto siga ampliándose porque es una salida laboral y la que no quiera trabajar lo aprovecha en su casa, pero quisiera que continúe esta tradición, a que se sigan comiendo cosas naturales y económicas”, concluyó la coordinadora del taller.
Primer Día tomó apuntes de que la enseñanza en la elaboración de las pastas caseras será a mediados de julio y se ofreció como “conejillo de indias” para ir probando si les sale bien la lasagna o los canelones.
Más allá de la broma, vale destacar este tipo de emprendimientos que dotan de herramientas útiles a quienes asisten y los prepara para el trabajo.
Claudio Jose Minoldo

Claudio Jose Minoldo

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