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Editorial: El valor en lo más pequeño

Las ciudades generalmente buscan espejos en ciudades de mayor tamaño, desarrollo, urbanidad, pero muchas veces habría que mirar a las menores.

Supóngase el caso de una vecina que tenga un accidente doméstico a los 90 años, que no tenga parentela en el lugar donde vive, y que se haya valido por sí misma hasta esa edad. ¿Qué le pasaría si viviera en una ciudad grande, en alguna metrópoli donde la gente se conoce cada vez menos? ¿Cómo haría para garantizarse atención médica, cuidado, contención?
Aunque no haya una respuesta tan taxativa, existen grandes probabilidades de que esa persona caiga en uno de los desamparos más hondos de su vida, que quede entrampada en la burocracia de las obras sociales, situaciones que le harían sentirse más desamparada que lo habitual.
Recientemente ocurrió exactamente eso, que una vecina de 90 años tenga un accidente doméstico que requiera atención médica, contención, compañía. Y tuvo la fortuna de no vivir en una gran metrópoli sino en la pequeña comuna de Colonia Vicente Agüero donde la respuesta de los vecinos fue automática.
Sus vecinas mujeres se encargaron de organizar turnos de visita al Sanatorio Caroya y sus vecinos varones se encargaron de tramitar los papeles de la internación y solventar los gastos que esa internación demanda. Incluso se hicieron cargo de pagar por adelantado los cuidados que requerirá en una residencia geriátrica hasta que puedan ingresarle los trámites al PAMI. Dieron aviso a sus parientes que viven en otras ciudades y estuvieron atentos a la evolución de su problema. Lo que hizo su comunidad tiene el valor de los pequeños gestos que para cualquier persona se transforman en supremos.
La reunión de la comisión vecinal, órgano máximo de decisión política de la comuna, tuvo entre su temario del pasado martes lo sucedido con la vecina y las acciones que rápidamente se dispusieron.
En lugar de que las ciudades medianas se la pasen buscando reflejarse en otras mayores, debieran prestar atención sobre cómo responden desde lo afectivo las pequeñas comunas cuando uno de sus miembros se encuentra en problemas.
Tal vez en ese mirar a lo pequeño, se hallen oportunidades para humanizar las gestiones, para entender a sus miembros más necesitados.
Sobre todo de responderles porque son integrantes de nuestra comunidad, no un número de cliente, ni un número de expediente ni de trámite.
Vicente Agüero procede siempre de la misma manera con sus vecinos en problemas. Se trata de una práctica habitual, incorporada, incuestionable. Y acaba de darnos una demostración de operatividad y de compromiso. Habría que espejarse más seguido en sus actitudes, aunque sean más pequeños.
Claudio Jose Minoldo

Claudio Jose Minoldo

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