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Creen que la merma en la cosecha de uva se debe al uso del 2,4-D éster

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Productores de vid dijeron que hay síntomas que podrían indicar la presencia de este agroquímico.

Desde 1997, cuando el nombre del herbicida 2,4-D éster se hizo famoso por los daños que provocó en frutales de Colonia Caroya, su fama no ha parado de crecer. Tampoco ha parado de crecer la preocupación de los productores por su aplicación, pese a que está prohibido en todo el departamento Colón y en varias pedanías de los departamentos Totoral y Río Primero.
Terminada la cosecha de uva 2012 y vista la merma que tuvo especialmente la variedad Isabella (frambua), pero sobre todo observando el comportamiento de las plantas, algunos productores señalaron que la sintomatología observada corresponde a una “vieja conocida” y que es el daño por deriva del herbicida hormonal 2,4-D éster.
Se trata de un herbicida que se aplica en los cultivos extensivos pero cuya volatilidad genera que viaje varios kilómetros -si se aplica en forma y en condiciones inadecuadas- y termina afectando a los cultivos de hoja ancha como son mayoritariamente los frutales.
De oficio, Ambiente caroyense está investigando qué fue lo que sucedió este año.

Viejo conocido y enemigo

Para muchos de los males que afectan a la vid, como hongos, insectos, fitoplasma, o virus suele haber algún tipo de tratamiento. Más difícil es encontrar tratamiento cuando la planta es víctima de efectos climáticos como una pedrea o estrés hídrico o una helada tardía.
Pero es casi imposible encontrar tratamiento cuando una planta fue afectada por la aplicación de agroquímicos y mucho menos cuando ese agroquímico es volátil y afecta, por decirlo de alguna manera, el “ADN” de la planta.
Esto es lo que le viene pasando a la producción vitivinícola de Caroya desde 1997 cuando se descubrió que la deriva del producto conocido como 2,4-D éster le afecta en demasía. Deforma sus hojas, las tuerce, genera cambios en la floración, y a la planta le lleva unos tres años recomponerse de ese daño.
Recientemente, productores de vid y bodegueros analizaron en conjunto las razones de la merma de este año en la cosecha de uva y, particularmente, en la cosecha de la uva Isabella que es la materia prima para el producto típico regional.
Allí, algunos productores señalaron que han detectado sintomatología similar a la que genera la deriva del 2,4-D éster y el municipio caroyense tomó nota de eso.
Pero el responsable del área de Ambiente y Desarrollo Rural, ingeniero agrónomo Eduardo Angulo quiere que la investigación sea lo suficientemente seria como para que no queden dudas. Esto es: si fue el 2,4-D éster el responsable de la afectación, encontrar a los responsables y caerles con todo el peso de la ley encima.
Pero pasaron tantas cosas antes de la reciente campaña que son pocos los que se atreven a aseverar que haya sido el agroquímico el único responsable de la merma.
Las vides de Caroya han sido afectadas en el pasado por un insecto que se llama Trips, también en el presente por la cochinilla harinosa. Hubo dos pedreas en octubre y noviembre del año pasado. Las plantas vivieron estrés hídrico durante el verano en una de las peores sequías que se haya visto en décadas.
Pese a todo, no se descarta que también haya habido aplicación indebida de 2,4-D éster. “Se manifestaron síntomas que corresponderían al uso del 2.4-D. De todos modos, eso hay que corroborarlo con pruebas de laboratorio. Lo que planteamos es que hay que dejar abierto otro margen de posibilidades sobre otros productos hormonales que sí se utilizan en la zona como el Dicamba o el Picloram”, explicó Angulo.
Angulo pretende que el análisi sea lo más completo posible, tanto que abarque todo el ciclo de una campaña. La parte más difícil para afrontar una investigación así está relacionada con los costos que demandan ya que los análisis los tiene que realizar un laboratorio de confianza y siguiendo un protocolo específico.
El jefe del Departamento ambiental le sugirió a autoridades provinciales la colocación de plantas testigo en diversos sectores antes de la reciente campaña para tener datos certeros sobre actividad química en cultivos.
También sugirió que reglamenten mejor el tema de la venta de agroquímicos porque  consideró que cada responsable debiera generarle al 2,4-D éster algún tipo de trazabilidad. Es decir, que pueda llegarse hasta la persona que adquirió el producto y lo aplicó en una zona donde está prohibido. “Es más fácil controlar 40 agroquímicas y no 5000 productores”, añdió Angulo.
Lo más difícil es poner en números cuánto representa de pérdida para un productor al que le llegó la deriva de un agroquímico prohibido y que le generó merma en su producción y menores ingresos económicos.


Autor
Claudio Jose Minoldo

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