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7.000 millones

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Una invitación a pensar el planeta y su futuro a partir de un nuevo paradigma donde no se ponga como meta la producción ilimitada de bienes y servicios.

Por: Juan Manuel García Escalada (Docente y Psicólogo Social).

Ya somos 7.000  millones en el planeta Tierra. Mucha gente para un pequeño planeta que comienza a debatirse en las propias contradicciones que la Naturaleza tiene consigo misma, pero más con esta especie que se  ha llamado a sí misma homo sapiens.
A esta altura se sigue con el mismo canto: “Hay que producir más bienes para que la población mundial siga siendo más feliz”.
¿Hay que tener vocación de suicida, no?
Los griegos en sus mitos ya lo insinuaban  y lo patentizó mister Sigmund Freud: “La viceversa del ser humano: que ama y mata por lo que dice amar”.
Sistemas educativos, modos de producción, finanzas dogmáticas, dirigencias tecnócratas, religiones fundamentalistas, pensamientos que no se transforman. Todo para seguir con  el deterioro que -parece- está  “a la vuelta de la esquina”.
Estamos en un momento de una gran curva. Filosóficamente lo dijo en una ocasión Juan Manuel Fangio, aquel gran conductor de fórmula Uno y quíntuple campeón mundial de automovilismo: “Lo peor es una curva que no se termina nunca”.
Metáfora actual de lo que todavía no sabemos. La curva no nos deja ver parte del nuevo horizonte. Se vuelve actual, (siempre estuvo) el principio de incertidumbre de Werner Heisenberg, que ha tenido consecuencias filosóficas.
Un paradigma a resolver: la seguridad de la inseguridad.
Pero tenemos algunas certezas.
 Sucede que siempre, con el pretexto de no cometer un pánico social, los poderes de turno hacen y deshacen a gusto y piacere.
Se usan agendas de debate con falsas prioridades y allí está el ocultamiento y lo falaz de las actuaciones socio-políticas.
A debatir seriamente: No podemos crecer indefinidamente. (Todo a partir de los integrales e infinitos de la matemática y geometría que nos demuestra que toda extensión cambia, llega a su finitud para volver a comenzar). La estructura social y cultural actual está llegando a su máxima expansión  creativa e interpretativa de las leyes físicas universales y sociales descubiertas y conocidas; para dar lugar a otro nuevo cambio. Cambios que se suceden infinitamente en la historia del universo.
Si pensamos el futuro de un mundo feliz, como mera producción de bienes,  a través del actual sistema económico mundial; un país que quiera desarrollarse para lograr estándares de bienestar para su población total, (y en derecho lo están todos los países del planeta), se necesitaría para ese bienestar, más de una Tierra.
 (Una gráfica de Mathis Wackernagel, investigador del Global  Footprint Network de California, Estados Unidos de América, junto a su equipo,  mostró en su investigación que si todos los países tienen como meta producir bienes de consumo, como única solución de progreso, se necesitaría muchos planetas Tierra).
Desde ya es imposible. Es el gran teorema a resolver por la humanidad actual. Estamos solos en el universo cercano. Y la expansión del “progreso”; que se basó siempre en lo territorial y productivo-consumista está feneciendo. ¿Hacia dónde dirigir esa expansión?.
Estamos globalizados, conectados, y en la soledad del cosmos. Vaya contradicción. Pero es prioritario comprender este proceso de incertidumbre; que lo esta llenando de terror al ser humano y se desquita con sus semejantes con especulaciones varias y con  guerras insensatas. Tratando de hacer lugar para los supuestos poderosos y que el planeta le pertenezca a una determinada elite.
Nadie se salvará. Eso debe quedar  claro. Se necesita una nueva mirada a la concepción humana. Las sociedades no se pueden construir con dogmatismos políticos, religiosos y culturales.
(Los indígenas de Ecuador han agregado a la Constitución de su país, una “propuesta-paradigma”: No desarrollo, ni crecimiento, sino CONVIVILIDAD. Respeto a la naturaleza, solidaridad, reciprocidad, complementariedad, es decir: Sumak Kawsay –Buen Vivir-).
Cuando el hombre y la mujer comprendan que deben hacer empatía y sincronicidad con la naturaleza que los parió, encontrarán caminos verdaderos hacia su propia superación. Sino, la  madre naturaleza nos habrá demostrado que no supimos valorizar la oportunidad que nos dio, (y dolorosamente y tarde), se reconocerá  que se ha perdido irremediablemente, (nada más y nada menos) que Nuestras Vidas.


Autor
Claudio Jose Minoldo

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