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La cosecha de la uva 2012 va por la mitad pero será un 30 % menor que el año pasado

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Dos pedreas y estrés hídrico fueron las causas de que haya una merma respecto de 2011 cuando la cosecha fue abundante.

Por más que pusieron un empeño monumental, los productores de uva de Colonia Caroya no pudieron sortear las inclemencias del clima y se tendrán que conformar con una cosecha más austera que la del año pasado. Todos recordaran que durante octubre y noviembre de 2011, el granizo pasó rompiendo todo lo que pudo, mientras que en diciembre y enero la falta de agua puso a la zona muy cerca de la emergencia hídrica.
Los cálculos realizados por las bodegas y los productores artesanales de vino calcularon la merma de este año en un 30 por ciento respecto del año pasado que fue un año de mucha cantidad.
Todo ello conspiró contra la producción de uva de Caroya y Vicente Agüero en las que se contabilizan unas 140 hectáreas de viñedos. De ese total, cerca de la mitad tiene entre 40 y 60 años de antigüedad y necesitaría una reposición, aunque los costos actuales hacen inviables esos reemplazos.
Una hectárea nueva de viña con malla antigranizo cuesta entre 80 y 100 mil pesos y hay que esperar al menos tres años antes de la primera cosecha.
Lo que resulta contradictorio porque el turismo enológico viene en franco crecimiento y las visitas de turistas a las bodegas de nuestra zona se multiplican año tras año. Es decir, que el producto acabado -vino- resulta de muchísimo interés, pero la materia prima -uva- tiene cada vez menos adeptos en Colonia Caroya o lo que es lo mismo cuesta mucho producirla.
Uno de los problemas con que se topan las bodegas es que muchos de los productores de vid han llegado a la edad madura sin que nadie en la familia se haga cargo de la sucesión. Entonces, cuando el dueño de la viña fallece suele ocurrir que las quintas quedan libradas a su destino.
Un ejemplo de esa preocupación la viene brindando bodegas La Caroyense a algunos de sus asociados más antiguos en la realización de algunos trabajos de mantenimiento en la viña como parte del servicio. Así, por ejemplo, algunas viñas fueron fumigadas con personal que puso a cargo la bodega y al que los productores sólo tenían que pagarle el costo de las horas trabajadas.
Pero el problema se plantea a largo plazo con un mercado cada vez más demandante de productos vitícolas realizados en Caroya y para la que la provisión de los insumos se viene complicando cada vez más.
Desde hace un tiempo, la región solicitó a las autoridades provinciales la conformación de una mesa de trabajo donde pudieran programarse inversiones, créditos, capacitación, investigación, pero ese espacio sigue postergado.
Ni hablar de los regimenes de promoción que la actividad vitícola tiene en otras provincias con sus desgravaciones impositivas y programas de financiamiento.
No obstante ello, una veintena de productores y unos cuantos enólogos se dan maña para seguir produciendo vinos con sello “made in Córdoba”, motivo de orgullo para la región, especialmente por los premios que vienen recibiendo en los últimos tres años.
La expectativa está centrada en la elaboración de los vinos 2012 que, aunque habrá menor cantidad, prometen una calidad pareja como para seguir llevando al mercado vinos de los que Córdoba pueda ufanarse. Para sabe cómo fue finalmente la cosecha, faltan unos 15 días.


Vendimia 2012 en números
Bodega La Caroyense, el mayor referente en producción de vino de Colonia Caroya, procesará este año unos 700 mil kilogramos de uva cuando el año pasado superó el millón de kilos. Y no se trata de una decisión de achicamiento sino de la disponibilidad que habrá este año de uva, un 30 por ciento menos que en 2011.
“Es un año bastante atípico por varias causas. No sólo por los lugares donde cayó granizo sino también por los golpes de calor que hubo en el mes de enero que generó estrés hídrico  muy violento”, explicó el enólogo Santiago Lauret.
¿Las consecuencias? El racimos ha quedado de menor tamaño y con menor peso de la uva. Respecto de la graduación alcohólica que deben tener, Lauret consideró que recién la semana pasada había comenzado a tomar forma. La variedad merlot ya alcanzó la maduración habitual de los 13 grados y está alcanzando su graduación el cabernet, mientras que durante esta semana podría estar lista la variedad malbec. Para el último quedará la Isabella (frambua) que este año tiene una característica diferente porque la floración fue muy despareja y, por lo tanto, el cuaje ha sido desparejo y se topan con que se encuentran uvas de grano negro, grano rosado, y granos verdes en el mismo racimo.
El problema es habitual en la variedad aunque no sea frecuente. Esa disparidad en la coloración de los racimos complica que alcance la graduación alcohólica necesaria para entregar en las bodegas.
Lo mejor sería una cosecha en dos tandas aunque los números no ofrecen esta posibilidad a los pequeños productores.
Aunque la merma es importante, ninguna de las bodegas acudirá a otros mercados para suplir esa falta. Solamente se comprará afuera el porcentaje para la realización de algunas líneas de productos pero que no significan más del cinco por ciento del total que adquieren.
En el caso de La Caroyense, vale destacar que acordó con los productores pagar $ 2,50 por kilogramo, $ 2,90 la bases para champán, y $ 3,50 para las bases color, que son los precios que están fijados en el mercado.
Vale destacar que antes de la cosecha había preocupación en la región de Cuyo porque había un sobre stock muy importante de vinos en las bodegas y esta merma de producción vendría a poner equilibrio en el mercado con lo que se evita que caiga más el precio.
Más allá de los inconvenientes, persisten las expectativas de producir vinos de muy buena calidad durante el presente año. “Nosotros trabajamos siempre para hacer buenos productos. Todo va en relación a la adquisición de tecnología porque la intención de hacer nuevos productos siempre está en carpeta y no se pueden hacer sin tecnología”, añadió Lauret al tiempo que aseveró que la calidad de la uva de este año es buena.
A una superficie de 22 hectáreas, la bodega le practicó los tratamientos de rigor que correspondían y en esa superficie el comportamiento de los viñedos fue muy bueno comparados con otros años sin tratamientos adecuados. En otros productores  que no siguieron el cronograma de tratamientos se comenzaron a detectar algunos problemas.
En la misma senda, la de encontrar la mejora continua en la producción, vale recordar que a mediados de febrero se hizo entrega de materiales destinados a productores de vid, para la modernizacion de sus viñedos.
Esa primera etapa de entrega de bienes solicitados por los productores, se encuadró dentro del programa de integracion de pequeños productores viticolas. De la COVIAR (Corporacion Vitivinícola Argentina)
Se entregaron mallas antigranizo, postes, alambres, y cubiertas para tractores, entre otros elementos.


Autor
Claudio Jose Minoldo

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