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En el extremo norte de Córdoba agudizan el ingenio para subsistir

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A Pozo Nuevo se llega después de recorrer 142 kilómetros, 37 de ellos por camino de tierra. Allí está el último bastión político antes de cruzar a Santiago del Estero.

Resulta imposible pasar inadvertido en esta pequeña comuna del norte cordobés, ya que todos se conocen y la presencia de un extraño es motivo para que alguien salga a recibir y preguntar qué se le ofrece. Eso es lo que hace el personal de la subcomisaría y de la propia comuna ni bien se ingresa al pueblo.
A Pozo Nuevo se llega desde la ciudad de Córdoba después de transitar 142 kilómetros sobre las rutas 9 norte y E-94 y después de atravesar varios ríos y arroyuelos secos. Distante de las salinas grandes a unos 45 kilómetros cualquiera pensaría que se trata de un terreno muy árido y, sin embargo, se trata de una zona con mucho verde y mucho bosque nativo. De hecho, desde el alto del pueblo -el tanque de distribución de agua- el caserío se ve perdido entre algarrobos, mistoles, talas, cardones, y tunales, entre otras especies autóctonas.
El censo provincial 2008 aportó algunos datos sobre la situación de la comunidad: 1 de cada 6 es jubilado o recibe una pensión, 1 de cada 2 no tiene obra social ni mutual, 1 de cada 3 tiene un trabajo informal, 1 de cada 10 hogares es un rancho, y en 24 de los 180 hogares no tienen baño ni letrina.
Pero más allá de los datos estadísticos, lo cierto es que la comuna se las ingenia para suplir las carencias de su comunidad contando con la coparticipación como único ingreso. Pese a que presta el servicio de agua potable y de recolección de residuos, no cobra ninguna tasa por ese concepto. Ni siquiera cobra el Impuesto Automotor porque los coches se inscriben en la vecina San Francisco del Chañar, cabecera del Departamento Sobremonte.
Pero con esos recursos, se pagan los salarios de las 20 personas que emplea la comuna, se atienden los puestos sanitarios, se facilita el transporte de alumnos para el CBU Rural que hay en Cachi Yaco, y el traslado de pacientes con complejidades hasta San Francisco del Chañar. Con dinero del gobierno Nacional se construyó un Centro Integrador Comunitario (CIC) y se le hizo cordón cuneta a todo el bulevar principal. Además, forman parte de los programas Nacer, Remediar, con los que asisten con medicamentos al pueblo y hacen un seguimiento de las mamás embarazadas y sus bebés. También tiene un vehículo tipo traffic y dos Toyotas Hilux con las que transporta alumnos, enfermos, y vecinos a donde requieran.

Tranquilo, silencioso, cordial 
Un día de fines de enero, los vecinos se mostraban agradecidos de que el termómetro marcara 35 grados centígrados porque se trata de una zona donde las máximas sueles superar los 45 grados. Aunque no tiene ríos, lagos, ni arroyos cerca, se trata de una comunidad que asegura que tiene mucha agua subterránea. Más que producto del calor pareciera que el silencio es una constante en este pueblo lo que permite escuchar el canto de la infinidad de pájaros que pueblan los bosques nativos cercanos.
Y al calor lo combaten a como dé lugar. Tal el caso de Juan Carlos Vivas que manguereaba a sus sobrinos mientras ellos trataban de zafar metidos hasta el cuello en un tanque de mil litros. O de Diego Escobedo que regaba la jaula en la que tenía un gallo de riña que le regaló un amigo. O de José Vivas que aprovechaba una añosa sombra para arreglar una moto que compró en Jesús María y que le sirve para ir al trabajo. Todos son amables al responder y la mayoría saluda cuando pasa alguien en automóvil aunque sea un absoluto desconocido.
Se trata de vecinos que trabajan en estancias cercanas en la ganadería o se emplean en la comuna y son multipropósito aunque reconozcan que no hay mucho para hacer. Es que la principal fuente laboral proviene del trabajo en estancias ganaderas, aunque hay otro sector de la población que trabajan en el negocio de la venta de leña o de carbón, y en la cría de ganado caprino aunque en menor medida.
Muchas de las casas más precarias se ubican sobre el camino que lleva a la gruta de Herumi Puca donde se le rinde homenaje a la Virgen de Lourdes cada 11 de febrero. Ese día, el pueblo desaparece tras la procesión a la virgen que está a unos 3 kilómetros del centro más poblado. La otra fiesta grande tiene lugar el 25 de mayo cuando se lleva adelante una gran jineteada en un predio que está detrás del CIC y al que vienen desde los parajes más cercanos a los que tiene que servir la comuna de Pozo Nuevo: San Lorenzo, El Jume, Cachi Yaco, La Chilca, Las Chichas, Puesto de luna, El Puestito, Palo Seco, el Abra, Campo Alegre, San Martín, San Miguel, Puesto de Abajo, Santa María, Majadilla, y Aguadita. Es que Pozo Nuevo tiene unos 160 habitantes en el pueblo pero es referente para otras 350 personas que viven en los parajes antes mencionados y que votan en Pozo Nuevo.
Como estela de un sueño que no fue se levanta un gigantesco galpón que albergó en algún momento una planta para el tratamiento del manganeso, pero las minas se quedaron sin material y lucen abandonadas aunque en predios hoy privados. El sueño se acunó durante el gobierno de Eduardo César Angeloz, pero duró muy poco tiempo.
El actual presidente comunal, Dante César, tiene grandes sueños para su pueblo aunque sabe que depende de que los gobiernos centrales.
Fuente: La Voz del Interior.


Autor
Claudio Jose Minoldo

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