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Carta abierta a las futuras autoridades de Jesús María sobre el destino de la Torre Céspedes

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Una indagación sobre la postura de las próximas autoridades frente al centenario edificio que viene siendo restaurado por el municipio de Jesús María.

Por: Daniela Savorgnan (Gestora cultural. Encargada de la Torre Céspedes)

Durante más  de 7 años he sido testigo y protagonista de los múltiples hechos en torno a la Torre Céspedes. Patrimonio de la CIUDAD.  Han sido años difíciles, pero con la ayuda de amigos de la Torre  han sido también de solidaridad compartiendo el sueño de verla recuperarda. Esta nota intenta, humildemente, combatir la indiferencia sobre los sucesos actuales y sus causas.
Comencé mi labor en 2004, coincidiendo con una nueva gestión del Club Social, interesada en recuperar  la Torre. Mi relación contractual en aquel entonces fue el de  “locaciones de obra”, mi remuneración formaba parte  de la ayuda que la Municipalidad otorgaba al Club Social. Parte de esa ayuda también se destinó a  la necesaria colocación de más de 100 vidrios que hicieron mermar la población de palomas que anidaban en la Torre. A finales de ese año se realizó el  estudio de suelos  en la torre.
En septiembre del 2006 ambas instituciones decidieron firmar un convenio de préstamo de uso haciéndose cargo la Municipalidad de Jesús María de la utilización y restauración del bien. A partir de 2007, pasé a ser contratada como monotributista  por el Estado. Las tareas que realicé durante aquellos años fueron las de mantenimiento, atención al público  y la limpieza de pintura de la escalera helicoidal. En 2008, se comenzó y finalizó la obra en la terraza corrigiendo las bocas de desagües de  la torre. Al año siguiente, mi contrato pasó de monotributista a un contrato de gabinete.
2009 también fue el año en que, bajo la dirección técnica del Prof. Ing. José Luis Gómez y la Arq. Mariana Díaz, el Estado   realizó la  recuperación de la estructura del edificio; se realizaron llaves sobre las innumerables grietas  internas en la parte superior del inmueble, se limpiaron mediante un proceso de enarenación los perfiles de los techos del primer piso.
 Durante 2010, la Municipalidad siguió con la restauración: arreglo de molduras, grietas exteriores, balcones e instalación eléctrica en el primer piso. Simultáneamente se realizó la obra  de carpintería, la restauración de las puertas y ventanas  y el arreglo de éstas.  Se levantaron los pisos originales para su recuperación (deteriorados especialmente por el ingreso de agua durante años). La Universidad de Santiago del Estero mediante la gestión del Prof. Gómez analizó la composición material y diagnóstico  la enfermedad de las maderas de vigas y escalera. Posteriormente, se realizó el arreglo en la escalera: se colocaron refuerzos  de hierro en  los dos descansos y en la zona de las ventanas. También  se restauró la histórica biblioteca y la boisserie  ubicadas en el primer piso. Se hidrolavaron los muros externos de la torre.
Se estima que se invirtieron más de doscientos mil pesos en la recuperación de la Torre Céspedes.  Para la posteridad quedan registros por escrito y material fotográfico que yo misma realicé cotidianamente. Durante estos años mi labor consistió en coordinar las diferentes tareas con especialistas y obreros, continúe el mantenimiento del lugar y  atención al público.  Además velé por la seguridad del inmueble, en varias ocasiones tuve que denunciar daños, robos y hurto de materiales.  Estas eventualidades fueron sorteadas sobre la base de mi sentido común, pues mis conocimientos en gestión cultural no están predispuestos para estos inconvenientes y obligaciones surgidas.

Lo que resta definir
Pese a todo son muchas las deudas pendientes.  El Club Social, responsable en gran medida del deterioro de lugar, evadió entre 2004 y 2007 todo tipo de compromiso de seguridad social en el contrato que se me realizó; actitud que pone en duda la clasificación “social” de este Club.
 El contrato actual con el  estado municipal (de gabinete), está como en muchos otros casos, dependiendo de las incertidumbres políticas de los cambios de  gestión.  La ausencia de categoría y la impredecibilidad  de los contratos no sólo generan angustia sino también un estancamiento profesional.  Pese a las adversidades no claudiqué en mi tarea de gestor cultural, labor para el  cual  estoy  preparada.  Mi buena voluntad implicó estar a disposición, sin contemplar horario o días,  tanto para las obras de restauración como para los pocos eventos culturales.
Una deuda emblemática, y que genera mucha preocupación, es el destino de este sitio. En primer lugar, aún no se ha iniciado una puesta en valor de la Torre, proceso que podría haber sido simultáneo a la obra descrita. Pese a que el edificio ya podría mostrarse, no hay un plan sistematizado de visita y/o puesta en valor.
En segundo lugar, aún no se definió el fin último del edificio.  Existen actualmente varios proyectos de diversos especialistas, pese a ello aún no hay pronunciamiento oficial. 
Varias son las cosas que me dan la esperanza de que el destino de la Torre no sea precisamente trágico: el compromiso desinteresado del Prof. Gómez   fue de vital importancia para la toma de decisiones en la recuperación;  una persona que trajo tranquilidad y apoyo entre tanta incertidumbre.
Mis pedidos de audiencia con el actual intendente han sido en vano. Mis inquietudes, que seguramente la nueva gestión contestará, son simples: primero si tendré la posibilidad de desarrollar mi profesión de gestor cultural; segundo, sencillamente, si tendré trabajo.


Autor
Claudio Jose Minoldo

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