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La banda de Gendarmería colmó el San Martín

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Se hizo famosa por sus canciones de corte popular. Mereció el reconocimiento de la presidenta. Y para el festejo de sus 50 años  logró agotar localidades en el Teatro del Libertador San Martín de la ciudad de Córdoba. La Banda de Gendarmería lo hizo otra vez.

Son, quizás, la menos militar de las bandas militares y tienen un repertorio que pasea en abanico por muchos géneros populares. La Banda de Música de la Escuela de Suboficiales de Gendarmería Nacional de Jesús María decidió celebrar sus primeros 50 años de vida con un concierto gratuito y a beneficio.
Fue el martes por la noche en la ciudad de Córdoba y en la Meca de todos los músicos cordobeses: El Teatro San Martín. Tal vez por eso, por lo que significa para los músicos, había nerviosismo entre los hombres vestidos de verde antes del inicio de la función. Muchos de ellos aprovecharon la oportunidad para registrar su paso por allí con cámaras fotográficas o con teléfonos celulares y con sonrisas grandes como una casa.
En la boletería del Teatro, un cartel decía: “Función Banda de Gendarmería. ¡Entradas agotadas!. No hay más”. El aguacero que cayó en nuestra zona no fue impedimento para que la gente viajara hasta Córdoba para presenciar un concierto notable donde la transición entre estilos fue impecable y donde cada invitado brilló e hizo brillar a la Banda que dirige Marcos Fernández.
Unos minutos antes de las 22, se proyectó un video con fotos históricas de la agrupación musical y con la voz del fondo del primer bastón mayor que tuvo la banda, Modesto Domínguez, leyendo un poema de su autoría que narraba los comienzos. Sin descorrer el telón, comenzaron a sonar los acordes de The chicken de Alfred James Ellis, un estándar de jazz que la Banda tiene muy bien aceitado y con invitados desde ese primer minuto: Ignacia Esteso, con un delicado vestido de riguroso negro, acompañó a la banda con su flauta durante todo el concierto, y Martín Dellavedova en saxo tenor.
Siguió la exquisita Wathermelon man de Herbie Hancock en la que el teclista Gustavo Cardozo se lució durante sus intervenciones. Y para concluir con el derrotero que llevaba a los asistentes por la senda del jazz, la agrupación cordobesa Es lo que hay se sumó con Dellavedoba, Raúl Pandolfi (piano), Luis Bársola (batería), y Sebastián Teves (bajo) para hacer Some skunk funk de los Brecker Brothers y una de las piezas más complejas de la noche y para oídos bien entrenados.
Lo que siguió fue un deleite, el único blues de la noche, una adaptación al español del tema de Gary Moore Story of the blues, interpretado con pasión por Martín Gonzales y punteado maravillosamente con la guitarra de César Peralta.
El entramado del concierto proponía a continuación tango con tres temas de Ástor Piazzolla y uno de Carlos Nieto (sí, el bandoneonista hijo de Jesús María) con el propio Nieto acompañándolo.
El saxo soprano de Bernabé Abati mostró sus habilidades de pretidigitador en la difícil Oblivion. Y uno no se explica, a esta altura, como es que Adolfo Pedernera eligió la carrera militar antes que la de cantor de tangos ya que la Balada para un loco le viene como anillo al dedo. Pedernera ya lo hizo en otras oportunidades y con otros temas y lo hace con solvencia.
Mauro Ciavattini (saxo soprano), Pablo Jaurena (bandoneón), y Jorge Martínez (piano) son el Trío MJC y fueron los encargados de la transición entre el tango y el folklore, interpretando junto a la banda primero Libertango (¡demoledor!) y luego La Olvidada de Atahualpa Yupanqui.
El segmento folk tuvo a dos notables artistas cordobesas en primer plano: Vivi Pozzebón y su caja para El seclanteño, y Deolinda Sosa para Madurando Sueños. Bueno, bonito, y efectivo.
Myriam Ochoa, popularmente conocida en Caroya como “La Cheta”, volvió a subir al escenario del San Martín, pero esta vez no lo hizo como actriz y parte de Fra Noi, sino en su debut como cantante popular con la notable pieza del napolitano Renato Carosone, aquel que en 1955 compusiera en dupla con Nicola Salerno, Tu vuo fa’ l’americano. La barra local lo agradeció con generosos aplausos y algún grito entusiasmado.
Lo que vendría después, sobre el final del concierto (el público no se lo hubiese perdido aunque ya tuviera para darse por satisfecho), era una muestra del histrionismo que la banda demostró durante 2010 cuando se hizo famosa en todo el territorio nacional interpretando un popurrí de temas que no excluían el Bombón asesino.
Así fue que con gran humor uno de los trombonistas, Claudio Audenino, tomó la locución para Che Notte, una chapucería de Fred Buscaglione que comenzó a divertir a la audiencia que devolvió generosas carcajadas.
Y fue la combinación de ritmos latinos la que hizo bailar al auditorio del San Martí cuando comenzaron a sonar los acordes de Cumbia chapolera de Juan José Ramírez, y Qué rico el mambo con coreografía incluida.
Se suponía que Blue Monk del enorme Telonious Monk cerraba la parte de los bises y allí toda la picardía de la Banda para fingir una sublevación y meter entre frase y frase algunos segmentos del popurrí que los hizo tan famosos.
El bonus: Yolk Song, una samba de autor anónimo que coronó una noche inolvidable para músicos y público, una gran noche del 50 aniversario.


Autor
Claudio Jose Minoldo

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