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Lo que contamina un pendrive

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No parece que enviar un correo electrónico tenga demasiada trascendencia ambiental, pero esto cambia cuando se repite decenas de veces en un día y se multiplica por todos los empleados de una empresa. 


Ahora bien, el impacto dependerá también de otros muchos factores: como la cantidad de gente al que vaya en copia el mensaje, la regularidad con la que se limpie la bandeja de entrada o la antigüedad del ordenador que se use.
Así queda patente en un curioso e interesante estudio realizado por la consultora Bio Intelligence para la Agencia del Medio Ambiente y Control de la Energía (Ademe) de Francia, en el que se analiza también la incidencia ambiental de diferentes formas de navegar en Internet o del uso de un pendrive.
El primer caso del estudio es el de un empleado de una compañía en Francia que envía un correo electrónico de 1 mega a un único destinatario. El trabajo utiliza la metodología de análisis de ciclo de vida (ACV) para evaluar el impacto de esta acción en tres ámbitos: cambio climático, agotamiento de metales y agotamiento de recursos fósiles. De esta forma, estima que el mandar ese simple mensaje supone, por ejemplo, emitir unos 10 gramos de CO2. Esta cifra no tiene mucho valor aquí, pues sólo es válida para Francia (se ha calculado en función del mix energético y el equipamiento informático más habitual de este país). Sin embargo, lo que resulta mucho más interesante, por ser ya extrapolable a otros países, es lo que ocurre cuando se introducen nuevas variables.
¿Qué pasa cuando en lugar de ser un único correo de un solo empleado se tienen en cuenta todos los mensajes enviados a lo largo del año de toda una compañía? El estudio considera que un empleado envía una media de 33 correos al día(1) y lo multiplica por el número de días laborables al año y por cien trabajadores de esta hipotética empresa. El resultado no es entonces de gramos de CO2, sino de toneladas. El impacto del correo electrónico tiene ya más trascendencia. Pero todavía puede aumentar mucho más.
Una posibilidad es que el correo vaya destinado a más gente, ya sea porque se tiene que hacer llegar a muchas direcciones distintas o porque se pone en copia a otros trabajadores de la empresa, a veces, por puro formalismo. El trabajo calcula que cuando se aumenta el número de destinatarios del correo a diez el impacto en emisiones de CO2 se multiplica por cuatro y cuando son cien los destinatarios se multiplica por más de 30. A lo largo de un año completo, para todos los correos de una empresa, el estudio muestra que se pueden reducir las emisiones simplemente dejando de incluir siempre en copia a un responsable y un compañero de la empresa en los correos.
El trabajo  considera como hipótesis que el correo incluye una invitación y tres páginas de un programa. También puede ocurrir que en lugar de leer en pantalla los documentos adjuntos, el destinatario decida imprimir una copia. Por lo general, esto aumentará el impacto ambiental. Aunque puede haber ocasiones en que sea preferible. Esto depende del tiempo que se dedique a la lectura de la información en la pantalla (a mayor tiempo más energía consumirá el ordenador). Para el correo de la hipótesis con cuatro páginas, el estudio calcula que si se va a   tardar más de 15 minutos en leerlo en pantalla (unos 4 minutos por página) resulta preferible en Francia sacarlo por la impresora, en formato B/N, a doble cara, y reproduciendo dos páginas por cada cara.
Obviamente, el impacto ambiental será mayor si aumenta el peso del correo a más de 1 mega (incorporando más documentos o imágenes). Pero también si se acumulan muchos mensajes en la bandeja de entrada. El estudio muestra cómo se va reduciendo la incidencia del correo si en lugar de borrarlo al cabo de un año se hace a los seis meses o si se limpia la bandeja a los tres meses.
El segundo caso es el de una persona que introduce la palabra 'vacaciones' en un buscador para rastrear algún destino al que viajar. El impacto del uso de Internet va a depender también de la forma en que se navegue: cuánto más directa sea la búsqueda, menor será la incidencia en el medio ambiente. El trabajo muestra cómo las emisiones serán bastante menores si el usuario tiene ya guardado en favoritos una dirección interesante en la que encontrar alguna propuesta de vacaciones.
Además, los resultados también serán distintos en función de la antigüedad del ordenador que se esté utilizando. Cambiar de equipo continuamente requiere cada vez utilizar nuevos materiales para fabricar uno nuevo. Al contrario, una mayor antigüedad del equipo dará mejor resultados en el análisis ambiental. Los impactos asociados a la búsqueda de la palabra 'vacaciones' se reducen entre un 20 y un 35% cuando el ordenador conectado a Internet tiene 7 años en lugar de 4.
El tercer y último caso es el de un pendrive. Uno de los responsables de la empresa asiste a una conferencia, al final de la cual se le entrega una memoria USB con documentación dentro. El estudio analiza de nuevo distintas hipótesis. Una de ellas es que dentro del lápiz USB hay un documento de 200 páginas que la persona se va a descargar en su ordenador para leerlo en la pantalla. Las emisiones de CO2 se multiplican por ocho cuando en lugar de pasar de forma rápida por el documento se decide leerlo con detenimiento en el ordenador (en un tiempo estimado de diez horas).
¿Qué pasa si esta persona decide imprimir la información contenida en el pendrive? El estudio considera que el que sea mejor leerlo en pantalla o en papel dependerá de nuevo del tiempo que se vaya a emplear en su lectura y del tipo de impresión que se realice. Si se va a efectuar un repaso rápido o se trata de un PowerPoint con poco texto será preferible verlo en el ordenador, pero para una lectura muy minuciosa del documento de 200 páginas puede ser menos impactante imprimirlo, especialmente cuando se haga en formato borrador, en B/N y aprovechando al máximo las dos caras. Una conclusión del trabajo es que puede ser interesante facilitar la lectura rápida de este tipo de documentos en pantalla ayudando a encontrar de forma sencilla la información principal.
El trabajo analiza también la incidencia ambiental de distintos tipos de pendrive a lo largo de todo su ciclo de vida: de PVC y aluminio, de PVC o de bambú. El menos impactante resulta ser el de bambú. Por lo general, estas memorias USB resultan útiles para intercambiar información y pueden servir para reducir el uso del papel. Sin embargo, el estudio advierte contra una práctica muy común en congresos y seminarios que no tiene ya tanto sentido: ocurre cuando lo que se entrega a los asistentes es un lápiz USB publicitario sin nada dentro.
Fuente: Clemente Álvarez para Ecolab.


Autor
Claudio Jose Minoldo

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