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Los monstruos

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Con un relato elíptico, Giorgio nos lleva hacia un final inesperado y pone de manifiesto los prejuicios de una sociedad ante lo diferente, lo diverso y lo poco “normal”.


Por: Adrián Giorgio (Estudiante de Letras Modernas. Docente de la Asociación Educativa Pío León)


Eructó, sin preocuparse qué pensaran los de la barra; ellos eran tan repugnantes como él. Echó un vistazo al reloj y después a las mesas: la taberna estaba llena, incluso había muchos de pie. Sus manazas temblaban nerviosas; sin embargo, ahora no podía dar marcha atrás. Apartó las botellas y se reincorporó penosamente, no porque estuviese ebrio, sino porque manejar un cuerpo de su tamaño significaba una ardua tarea. Amagó con pagar, pero el cantinero le indicó con un ademán que no era necesario.
-Invita la casa- dijo, mientras limpiaba las escamas que se habían acumulado sobre el mostrador.
Le agradeció y se dirigió al pequeño escenario, seguido de centenares de ojos. Comúnmente allí se reunían a tocar  algunas bandas de jazz y blues; no obstante ese día la taberna había cerrado sus puertas y sólo se permitía el acceso a conocidos y cercanos. En consecuencia, los que habían acudido lo habían hecho únicamente para oírlo a él. Esto lo inquietaba. I-nesperadamente, en los últimos meses, él se había convertido casi en el héroe de “ellos”: su profesión de periodista lo convertía aparentemente en un puente, en la voz legitimada de la otredad.
Subió a la tarima y un escalofrío recorrió sus vértebras puntiagudas. Si bien no era la primera vez que se paraba ante un auditorio; las circunstancias en esta ocasión eran extraordinarias. Contempló a su público, horripilantes cabezas que se erguían como maizales, y tragó saliva. Debían de ser doscientos o más monstruos que aguardaban sus palabras, aun cuando eran conscientes que arriesgaban sus pellejos fláccidos y sebáceos estando allí.
Todos sabían que la situación se había tornado crítica, el gobierno había emprendido una persecución feroz disfrazada como un proyecto de seguridad nacional. Para el Estado, su condición monstruosa los convertía en una amenaza contra la moral. La “gente bien” no deseaba cruzárselos en las calles, en los cafés y pubs, en los gimnasios... Su mera presencia, su falta de “buen gusto”, los escandalizaba. ¿Acaso ellos creían que tenían los mismos derechos?
Un gran número de monstruos no toleró este acto despótico y autoritario,  y salió a manifestarse. Después sobrevinieron los chorros de agua fríos, las golpizas, los arrestos… De este modo, no les quedó más opción que esconderse, confinarse en lóbregos reductos donde no sufrieran la mirada inquisidora del resto y pudieran hablar de su cotidianeidad sin temor a la censura.
Él se irguió orgulloso, recién entonces la multitud advirtió que medía casi tres metros.
-Amigos míos- su voz era cavernosa- Les agradezco que estén hoy congregados aquí. Ustedes, como yo, saben la discriminación que se ejerce sobre nosotros… - cuando decía esto, la pesada puerta de entrada cedió bajo sus goznes y cayó. Una bestia de colosales brazos la había volteado y  ahora miraba a todos, de modo desafiante.
-¡La policía!- gritó alguien.
Detrás de la bestia,  aparecieron otras de pelaje azul, menos corpulentas y de afilados colmillos, quienes se apostaron en rincones estratégicos y aguardaron la orden de su superior. Cuando este comenzó a enumerar las leyes por las que se los acusaba, las criaturas de pelaje azul procedieron a llevarse a los detenidos a las furgonetas. Pese a que ninguno se resistió, los agentes los golpearon y maltrataron.  Incluso el supuesto vocero recibió un macanazo cuando se quejó del maltrato sin razón que sufrían.
-Dale puto, camina- le dijo un petacón azul.
Ante la amenaza de un segundo golpe, guardó silencio y marchó cabizbajo. Evidentemente, tanto para el Estado como para la misma sociedad, ser un monstruo homosexual era un crimen.


Autor
Claudio Jose Minoldo

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1 Comentarios :

  1. Serán que el redactor uso la "academia de letras modernas" por la cual yo no entiendo nada??
    Tengo 45 años y estoy deduciendo si este "relato" esta a favor o en contra de la "monstruosidad del homosexualismo".
    Espero algún día poder entender las "nuevas letras" de estos postreros tiempos que vivimos

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