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El taxista, la novela, Menandro y el pintor

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Parafraseo un tango, que cantaba el santiagueño Argentino Ledesma: “…Comer, es un placer sensual, genial…comiendo espero a la mujer que yo quiero...”

Por: Juan Manuel García Escalada (Docente, Psicólogo Social)

Mi amiga Merlina me decía al levantar sobre sus ojos la copa de un Rosé y brindar: “A veces, …ustedes los hombres no entienden por qué a las mujeres les encanta una cena o almuerzo donde fluya naturalmente la conversación”. Y se preguntaba: “¿Es que conversar y comer no es nada Inocente?”. - No lo sé, le dije.
No era la única que sentía ese placer de la comida compartida.
Los dioses griegos, los semidioses, como Aquiles, disfrutaban de los placeres culinarios. Eran poderosos, necios, vengativos pero a la hora de comer lo hacían disfrutando, como cualquier mortal, ante un plato servido en una mesa.
Más terrenal, te cuento Merlina que un taxista supo decirme, en un trayecto urbano por Buenos Aires, que él  tenía una gran debilidad humana y que era ahorrar para, al menos una vez o dos al año, ir a cenar junto a su esposa a un muy buen restaurante aquellas comidas que no se comen todos los días. Decía: “Mi ropa, ésta que usted ve, es para mi trabajo. Me encanta en esa ocasión ponerme un ambo bien combinado y sentir el placer de saborear una comida con todo eso que se llama glamour…de un espacio que me despierta simplemente placer. Eso, nada más… vió. No lo hago por pertenecer a nada, ni a nadie, es un gusto personal que lo comparto con mi mujer…No sé, hay algo de estética que me agrada muchísimo…”.
Como escucharás Merlina, (saboreamos una picada marina de langostinos, vieiras gratinadas y escabeche de calamar y mejillones al ajo arriero) mientras comemos podemos desgranar historias y reconocemos el inmenso valor de la comunicación oral, hoy que está  tan en desuso. Como verás van saliendo historias salteadas… como la de aquella telenovela brasileña “Amazonia”, donde uno de los personajes, como alcalde, le dice a su asesor: “Debo hacer algo para el pueblo y su cultura”. Y éste le comenta: “por qué no hace una pequeña fuente”. Al alcalde se le ponen  los pelos de punta y el asesor muy cómodo, le contesta: “Luego lo inaugura con fuegos artificiales invita al pueblo y todo el mundo contento porque la gente cree que se está trabajando para la ciudad en su conjunto”…Cualquier parecido a lo que acontece en las ciudades argentinas no es casualidad. Siempre se confunde lo fundamental con lo secundario. Merlina dice: “Juanma quien tiene el poder decide…” y luego de saborear la entrada, elige un salmón rosado con salsa champagne y papas chateau y timbal de trigo bourgol. Yo tengo ante mí, un plato de trucha con salsa de almendras con ensaladas verdes de maravillas. Antes de degustarlos hasta el final sirvo en las copas el Rosé bien frío.
Creo que en todos lados se cuecen habas. Pero en nuestra sociedades muchas más. Había un tipo que se llamaba Menandro, (Circa 342-291 A.C.) que seguramente no estaba como no-sotros, comiendo estos ricos  platos de comida cultura - gourmet, cuando dijo: “Bienaventurado el que tiene Talento y Dinero, porque empleará bien este último”. Te digo esto querida amiga Merlina, porque en detalles pequeños vemos como obran las personas, bien, mal, regular, como vos quieras, pero creo que es así, somos en la vida pública lo que somos en la intimidad. Nadie engaña a nadie. Algunos saben y quieren ser engañados. Te cuento. Varias personas van a un lugar a almorzar, a tomar el té, o a cenar. Gastan muchísimo, y a la hora de pagar lo hacen y ninguno de ellos deja una propina. No es una obligación ya lo sé, pero en esos hechos simples está demostrado el desprecio por el que te está sirviendo. Antes que plata, hay que tener cultura. Te hace mejor y comprendes la cadena de favores que se suceden en la vida de cada ser humano. Tomo la copa de vino, y brindo con  Merlina, por la amistad, por la comida de Inocencio, por todo lo bueno que cada uno de nosotros nos merecemos de acuerdo a lo que damos. Todo lo que se siembra bien vuelve bien, le digo, y… ¡¡¡Salud, mujer!!!
A esta altura, en la calidez del restaurante que nos cobija, llamo al mozo y me ofrece un postre llamado Misterio, el nombre nos intriga y solicitamos dos, y pido dos botellitas individuales de champagne  para el final.
Y para cerrar este grato momento, te cuento lo último Merlina. En cierta ocasión trabajaba en una empresa constructora y un fin de semana me quedé a compartir un pequeño asado con los trabajadores y pintores. Nos sentamos a la mesa, comimos, bebimos moderadamente y charlamos durante más de cuatro (4) horas de sobremesa. Al final, y estábamos lúcidos, el jefe de pintores dijo lo siguiente: “No arreglamos el mundo, pero que bien me hizo charlar de tantas cosas, son cosillas que no las practicamos y no las tenemos en cuenta… Y nos hace bien…”
 Merlina, de nuevo, ¡¡“Salud y demos gracias por la amistad y la comida”!! Pequeños detalles cotidianos que hacen grandes momentos de salud física y espiritual… Tenía razón ella, en Inocencio, comprendí que la comida y la conversación no son inocentes.


Autor
Claudio Jose Minoldo

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