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Colonia Caroya quiere que la vendimia de la uva se transforme en una experiencia para “sentir”

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Se puso en marcha esta semana, una propuesta para que los visitantes participen activamente del proceso que culmina en la elaboración del vino. Se puede cosechar, pisar la uva, y degustar el vino casero en varios establecimientos privados.

17 emprendimientos privados de Colonia Caroya (productores de uva, restaurantes, bodegas, venta de embutidos, entre otros) sellaron una alianza estratégica para vender como producto los Caminos del Vino con tres posibilidades de recorrido.
La primera visita lleva por nombre “Cultura Gringa y vides a la vera del Camino Real” que incluye la visita a los siguientes lugares: Estancia Jesuítica de Jesús María, Bodega Nanini, La Friulana (restaurante), El Bosque (mini golf de ocho hoyos y degustación de vinos caseros), Sabores de Caroya (demostración y degustación de salames).
Vivencias y vinos de la Colonia” se llama la segunda opción turística que permite conocer estos emprendimientos y sitios históricos: Bodega Boutique Riviesse, Museo Casa Copetti, Fertilia (restaurante), Vinos Aurelio y Vinos Vittorio Papalini (vinos artesanales), Estación Caroya (merienda)
Finalmente, con el nombre de "Jesuitas, friulanos y vinos” se ofrece una tercera alternativa que consiste en recorrer: Estancia Jesuítica de Caroya, Bodega La Caroyense, Macadam (restaurante), Miguel Griguol (productor de uva), Vinos Riulat (artesanales), y el Establecimiento Rosel.
A diferencia de la propuesta que ofrece cada establecimiento en forma particular, quienes los visiten como parte de Caminos del Vino tendrán trato preferencial. Por ejemplo, bodega La Caroyense ofrece en su salón VIP degustación de champagne con masas dulces. Bodegas Nanini, por su parte, ofrece cata de vinos de alta gama con tabla de quesos; y Bodega Riviesse, degustación de vinos de alta gama con tabla de fiambres. En la misma senda, Estación Caroya propone una merienda en tazones de antaño y dulces. Otro que propone algo curioso es el establecimiento El Bosque que tiene una cancha de mini golf de 8 hoyos y pileta de natación, además de degustación de vinos artesanales.
El municipio ofrece como soporte, la oficina de Turismo local, la impresión de la folletería y la difusión del proyecto. Y la gente de la consultora ABC + 1, especialistas en marketing y asesoramiento turístico, se hacen cargo de la Central de Reservas, es decir, de la gestión de las visitas “sensoriales” que se proponen con este recorrido.
“Lo lindo es que en cada una de las fincas se van a realizar actividades recreativas junto a la producción que en este caso coincide con la época de mayor trabajo, pero durante el año se va a poder podar, ver cómo injertan nuevas plantas, recorrer las viñas en tractor”, explicó Celia Blanch, de ABC +1.
Porque se trata de una invitación a tocar, ver, oler, y degustar la uva y sus derivados. Aprender cómo hacen los gringos para obtener su vino casero, qué proceso siguen, cuánto tiempo esperan para tomar su propio vino, cómo almacenan, qué productos usan, y ese largo etcétera que supone la vitivinicultura.
Así fue que esta semana se lanzó en forma piloto un programa para que los turistas vivencien la vendimia cuando está en pleno proceso. El pasado lunes, los reunió en el hotel de campo Rosel para una charla donde mostró sus conocimientos sobre el tema la guía Sandra Piazzi (abudante en datos interesantes) para continuar con un desayuno campestre que incluyó mate concido, pan casero horneado a leña, y mermeladas caseras de durazno, tomate, y manzana.
De allí, un pequeño grupo se dirigió a la finca de Miguel Patat, otra a la de Danilo Fantini, y un tercer grupo se quedó en Rosel para ayudar a cosechar uva frambua al dueño de casa, Elio Venturini.
Además de ser una experiencia divertida, muestra a los turistas lo sacrificada que es la vida del productor vitivinícola porque al poco de trabajar, ni siquiera media hilera, se empiezan a notar los síntomas de la fatiga y del cansancio.
Después de cosechar unos seis o siete cajones (200 kilos de uva más o menos), los visitantes fueron introducidos en las técnicas que utilizan los elaboradores artesanales de vino, mostrándoles incluso como se hacía la molienda de la uva utilizando como maquinaria los pies.
Después vendría la degustación del vino artesanal de la cosecha anterior -la que se guardó por seis o siete meses- y se probaron algunas otras delicias artesanales.
Independientemente del entusiasmo que generó esta primera experiencia, lo deseable es que se puedan concretar nuevas visitas y que los actores involucrados sigan trabajando con espíritu asociativo para mostrar lo mejor que tiene Colonia Caroya en cuanto a su producción: buenos vinos, buenos fiambres, y gente de trabajo y costumbres como en pocos lugares.


Central de reservas
(03525) 463868
caminosdelvinocoloniacaroya@ hotmail.com
culturayturismo@coloniacaroya. gov.ar


Autor
Claudio Jose Minoldo

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