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Los medios de comunicación social ante la violencia de género

En los primeros seis meses del año fueron asesinadas 126 mujeres. El 25 se recordó el Día Internacional la no Violencia contra la Mujer. Periodismo Social consultó a periodistas de distintos lugares del país para analizar cómo es la cobertura del tema y reflexionar si es posible ayudar a prevenirla desde los medios. 

Periodismo Social consultó a periodistas que no se especializan en género, de medios nacionales, y de Entre Ríos, Mar del Plata,  La Rioja, Mendoza, San Luis, Chaco y Salta para que respondan, entre otras cosas, si el periodismo puede colaborar en prevenir la violencia contra las mujeres o si pueden terminar justificando las agresiones cuando las coberturas no son inclusivas.
“El periodismo colabora muy poco para evitar la violencia contra las mujeres. Es difícil desterrar de la profesión muchos preconceptos que a veces colaboran en convalidar la violencia. Aparecen atenuantes para el golpeador, abusador o asesino…El periodismo se torna insensible en muchos casos”, analiza Luis Gregorio, profesor de Comunicación de la Universidad Nacional de Cuyo.
Mar del Plata es un lugar de referencia cuando se analiza la mirada periodística de la violencia de género, ya que en esa ciudad, el campeón de boxeo Carlos Monzón, asesinó a su compañera Alicia Muñiz. Fue en 1988, y marca un hito, ya que aparecen por primera vez en los medios nuevas fuentes: especialistas y organizaciones que venían trabajando sobre la temática tienen su espacio en la escena mediática.
Daniel Della Torre y Oscar Lardizábal, del diario La Capital de esa ciudad, recuerdan ese episodio “como el momento en que el tema se instala en los medio. También en Mar del Plata fueron asesinadas varias mujeres en los ’90, en un caso que la prensa denominó ‘el loco de la ruta’. Asesinatos que nunca fueron esclarecidos “pese a que la ONU lo consideró la segunda epidemia de homicidios de mujeres del mundo”, dicen los periodistas.  Reconocen que “se debe mejorar la cobertura en la sección Policiales. Debemos tomar conciencia del uso incorrecto de términos que nos vienen de la jerga policial, como crimen pasional”.
El Centro de Apoyo a la Mujer Maltratada y las comisarías de la Mujer, son fuentes que destacan a la hora de elaborar sus notas.
En tanto Susana Scandalli, también periodista de La Capital, suma su experiencia docente. “Trabajo la violencia de género con mis alumnos en ETER (Escuela de radio). Estoy muy satisfecha y orgullosa por el compromiso de mis alumnos con la temática”, dice.
La capacitación desde los espacios de formación periodística, es uno de los caminos a considerar para instalar en la currícula la perspectiva de género, indispensable para lograr abordajes periodísticos inclusivos de la violencia. La Red PAR lo ha hecho en la escuela TEA por dos años, en la Universidad de La Plata, y hay docentes comprometidos que buscan transversalizar en los programas de estudio la visión de género.
 

La naturalización de la violencia en los medios
“En los diarios del interior del país, el machismo y la victimización de los victimarios, es figura corriente en el tratamiento informativo” asegura Alejandra Cebrelli, docente de Comunicación de la Universidad Nacional de Salta, que está convencida de que los medios “colaboran para naturalizar, tanto la violencia contra las mujeres, como las representaciones estigmatizantes, sobre todo en Policiales”.
La profesional aporta un dato interesante: ha indagado entre los vendedores de diarios de su ciudad, quienes le confirmaron que, cuando se publican noticias sobre femicidios, los diarios se agotan a las 10 de la mañana. “Que el tratamiento sexista de la violencia de género se haya convertido en un valor de noticiabilidad nunca confesado, pero siempre considerado en los diarios locales y en algunos nacionales, es realmente lamentable y deja entrever el machismo y la falta de ética de editores y jefes de redacción”, reflexiona Cebrelli.
Desde la misma provincia, Jimena Granados de El Tribuno, acuerda con su sus colegan en que en el periodismo “aún hay casos en que se justifica la violencia contra las mujeres. Se leen títulos como "La mató porque lo engañaba", como si el engaño explicara y justificara el asesinato. Se exponen cuestiones de la vida privada de las víctimas, que a veces parece que pretendieran mostrar "su parte de la culpa. En algunos casos se informan detalles que revictimizan, y no aportan al tratamiento responsable del tema (cómo la violó, en qué circunstancias, etc.)”.
Y plantea otra dificultad: “cuando se quiere comparar la situación actual con la de unos seis o siete años atrás, se hace complejo medir el crecimiento en la cantidad de casos de violencia y los cambios en sus características, por la ausencia de datos pasados. En el interior, otro inconveniente es que el universo de especialistas para consultar es acotado si se quiere hablar de la realidad local”.
 En tanto Cebrelli insiste en la capacitación, pero habla de la necesidad de “hacerle llegar a los editores y directores de medios algún tipo de sanción simbólica (escraches, denuncias, notas de repudio, etc.) para que esta práctica desaparezca de las redacciones”.
Precisamente, la flamante ley de Protección Integral a las Mujeres, habla en el artículo 6, inciso F de violencia mediática, definida como “aquella publicación o difusión de mensajes e imágenes estereotipados a través de cualquier medio masivo de comunicación, que de manera directa o indirecta promueva la explotación de mujeres o sus imágenes, injurie, difame, discrimine, deshonre, humille o atente contra la dignidad de las mujeres, como así también la utilización de mujeres, adolescentes y niñas en mensajes e imágenes pornográficas, legitimando la desigualdad de trato o construya patrones socioculturales  reproductores de la desigualdad o generadores de violencia contra las mujeres”.
En su reglamentación dictada en julio de este año, la Ley 26.485 faculta al Consejo Nacional de las Mujeres, a que disponga “coordinadamente con las áreas del ámbito nacional y de las jurisdicciones locales que correspondan, las acciones necesarias para prevenir, sancionar y erradicar la difusión de mensajes o imágenes que: 1) Inciten a la violencia, el odio o la discriminación contra las mujeres. 2) Tiendan a perpetuar patrones sexistas de dominación masculina o alienten la exhibición de hechos aberrantes como la intimidación, el acoso y la violación. 3) Estimulen o fomenten la explotación sexual de las mujeres. 4) Contengan prácticas injuriosas, difamatorias, discriminatorias o humillantes a través de expresiones, juegos, competencias o avisos publicitarios.
La legislación existe. Es amplia, y debe incorporarse en las prácticas cotidianas.



Fuente: Periodismo Social
Claudio Jose Minoldo

Claudio Jose Minoldo

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