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Pensar con más inteligencia sobre el cambio climático

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Políticos y comentaristas manifiestan un comprensible pesimismo acerca de las posibilidades de que se logre un acuerdo internacional sobre las reducciones a las emisiones de carbono en la cumbre de las Naciones Unidas que se realizará en México en diciembre.

No se ha resuelto nada desde el fracaso de las conversaciones de Copenhague el año pasado. Afortunadamente, los resultados de estudios recientes apuntan a una manera más inteligente de enfrentar el problema.
Ya no hay desacuerdos importantes acerca de la realidad del calentamiento global. Las interrogantes cruciales tienen relación con el aspecto económico de nuestra respuesta... pero este debate puede ser igual de acalorado.
Desde que publicara El ecologista escéptico en 2001, siempre he reconocido que el calentamiento global causado por el hombre es real.
Sin embargo, los activistas me han tildado una y otra vez de "negacionista del cambio climático". Esto no se debe a que haya sugerido nunca que los fundamentos científicos del cambio climático estén equivocados, sino más bien a su rabia y frustración por mi insistencia de que no tiene sentido aplicar reducciones drásticas a las emisiones de carbono.
El Centro del Consenso de Copenhague - think tank del que soy director- pidió hace poco a un gran número de economistas del clima que exploraran los costes y beneficios de diferentes respuestas al calentamiento global. Al mismo tiempo, convocamos a un segundo grupo de economistas, iguales de destacados y entre los que se incluían tres premios Nobel, para examinar todos los estudios y clasificar las propuestas en orden de deseabilidad. Cambridge University Press esta publicando sus investigaciones y conclusiones este mes, bajo el título Smart Solutions to Climate Change (Soluciones inteligentes al cambio climático).
El libro incluye un capítulo escrito por el renombrado economista del clima Richard Tol, que ha sido un autor colaborador, principal y convocante para el Panel Intergubernamental de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático. En este capítulo, Tol demuestra por qué las grandilocuentes promesas de reducciones drásticas e inmediatas de las emisiones de carbono son tan mala estrategia.
Tol llegó a la conclusión de que para intentar mantener el aumento de la temperatura por debajo de los 2ºC, como han prometido las naciones industrializadas, sería necesario reducir las emisiones en cerca de un 80% para mediados de siglo. Basándose en estimaciones convencionales, esto evitaría daños climáticos totales por cerca de 1,1 billones de dólares a lo largo del siglo.
Sin embargo, afectaría el crecimiento económico en cerca de 40 billones al año. En otras palabras, estaríamos gastando 40 billones de dólares cada año para fines de siglo, sólo para lograr resultados beneficiosos equivalentes a poco más de 1 billón.
De hecho, esta estimación es muy optimista. El cálculo supone que a lo largo de 100 años los políticos de todo el mundo pondrán en vigencia siempre las leyes más eficientes y eficaces imaginables para reducir las emisiones de carbono. Si se descarta ese improbable supuesto, el coste se puede multiplicar por 10 o incluso 100.
Para decirlo con todas sus letras: las reducciones de carbono así de drásticas probablemente dañen nuestra calidad de vida mucho más que el cambio climático (especialmente para quienes viven en el mundo en desarrollo).
La razón es sencilla. A pesar de todos los argumentos optimistas acerca de fuentes sustentables de energía que no emiten carbono, como la eólica, la solar, la geotérmica y otras, no hay ninguna alternativa que esté remotamente preparada para asumir la carga energética a la que hoy dan respuesta los combustibles fósiles.
Por eso es que desde hace mucho llamo a quienes diseñan las políticas a que aumenten de manera importante la cantidad de dinero que se invierte en investigación y desarrollo (IyD) de alternativas energéticas más ecológicas. Ahora hay estudios que muestran exactamente cómo podemos llevar esto a la práctica.
En Smart Solutions to Climate Change, Chris Green de la Universidad McGill e Isabel Galiana examinan el ritmo actual de avance y concluyen que para 2050 las fuentes energéticas alternativas producirán menos de la mitad de la potencia necesaria para estabilizar las emisiones de carbono. Para 2100 la brecha podría ser incluso mayor. El reto es enorme.
Galiana y Green llegan a la conclusión de que destinar apenas un 0,2% del PGB global - cerca de 100 mil millones de dólares al año- a IyD de energías "verdes" produciría el tipo de giro decisivo que se necesita para dar energía a un futuro sin emisiones de carbono. No sólo sería una táctica mucho menos costosa que intentar reducir las emisiones, sino también limitaría con mucho mayor rapidez el calentamiento global. Y, a diferencia de las reducciones de las emisiones, se trata de una solución que los países en desarrollo probablemente adoptarían.
Incluso si se dedica un importante esfuerzo a IyD, la energía "verde" no será asequible de la noche a la mañana. Para asegurarnos de tener suficiente tiempo para realizar la IyD necesaria, deberíamos aumentar nuestro compromiso con la investigación de tecnologías de ingeniería climática.
En Smart Solutions to Climate Change, Eric Bickel y Lee Laneven de la Universidad de Texas ofrecen interesantes evidencias de que una pequeña inversión en ingeniería del clima podría permitir reducciones mayores y más rápidas del calentamiento global que un programa mucho más costoso de reducción de las emisiones de carbono.
La publicación de Smart Solutions to Climate Change ha generado considerable interés, también de algunos activistas que creen que mi apoyo entusiasta a sus propuestas representa un cambio importante en mis opiniones.
Fuente: Bjørn Lomborg, autor de El ecologista escéptico y En frío, director del Centro del Consenso de Copenhague. Vía: Project Syndicate.


Autor
Claudio Jose Minoldo

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