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La verdad sobre las bolsas biodegradables

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El aumento creciente del consumo y desecho de bolsas de polietileno y su destino final se han vuelto un grave problema para las autoridades. A esto debemos sumarle la percepción de la ciudadanía que reconoce en las bolsas que se desechan una fuente de contaminación y generación de impactos en el ambiente y la salud a lo largo de un prolongado período de tiempo. 

Por: Fernando Manera (Jefe de Bromatología y Ambiente de Colonia Caroya. Autor del libro “Una amenaza Invisible”)

Este reclamo se ha traducido en intentos por dar solución a la demanda y al problema a través de leyes, programas o recomendaciones que no contemplan sus reales dimensiones generando confusión en la población.
Mientras crece el número de ciudades o provincias que prohíben su uso, se promocionan diversas bolsas alternativas supuestamente “ecológicas” o biodegradables que, por un lado, también contienen derivados del petróleo que liberan contaminantes y por otro, en ausencia de políticas y programas de reciclado y recuperación de materiales, no presentan ventajas ambientales si son dispuestas en rellenos sanitarios o basurales a cielo abierto.
Presentar a las bolsas biodegradables como una solución al problema promueve continuar con el consumo irresponsable de las mismas. El consumo y descarte de las bolsas de plástico es parte de un problema mucho mayor, que necesita ser solucionado previamente, antes de que la biodegradabilidad de las bolsas juegue un papel realmente útil y positivo.

¿Qué significa “biodegradable”?
La biodegradación es el consumo de sustancias por parte de microorganismos:
1) Biodegradación aeróbica (en presencia de oxígeno): en la que los productos resultantes de este proceso de degradación son biomasa, dióxido de carbono, agua y minerales.
2) Biodegradación anaeróbica (ausencia de oxígeno): en la que los productos usualmente resultantes son biomasa, biogás (principalmente metano), agua, metabolitos intermedios y minerales.
El grado de biodegradación depende de condiciones ambientales tales como temperatura, humedad, presión parcial de oxígeno (degradación aeróbica o anaeróbica); de la composición de la flora microbiana; y del tipo de sustrato en cuestión y su pH.

Plásticos biodegradables
Representan un nuevo grupo de materiales dentro de la familia de los plásticos, que tienen nuevas propiedades, como ser biodegradables en determinados ambientes, en un tiempo determinado y proceder de materiales que provienen de fuentes renovables
El plástico biodegradable es un material que, expuesto a condiciones óptimas de humedad, flora microbiana y oxígeno, puede, después de varios meses o incluso, algunos años, ser convertido por los microorganismos presentes básicamente en los suelos, en agua, dióxido de carbono y biomasa.

Bolsas “oxodegradables”
Se trata de plásticos comunes (polietileno de alta densidad, por ejemplo) a los cuales se les agrega entre un 2 y un 4% de TDPA (Totally Degradable Polymer Additives). Cuando las bolsas se disponen en rellenos sanitarios o ante la radiación ultravioleta, se activaría la oxidación de los aditivos y el efecto observado sería la desintegración de la bolsa, quedando liberadas en el ambiente las moléculas plásticas, que al ser arrastradas por los vientos ingresaran en las vías respiratorias de todo ser vivo.
Estas bolsas siguen estando constituidas por un derivado del petróleo, por lo que no representan una respuesta a la explotación de un recurso no renovable.
Los plásticos oxo-degradables no pasan la norma EN 13432, que evalúa si un material de embalaje puede considerarse biodegradable bajo condiciones de compostaje y por ello son rechazados en Europa.
No existe consenso a nivel mundial sobre su biodegradabilidad y compostabilidad, así como sobre el impacto de sus productos de degradación en el medio ambiente.
En Argentina los residuos sólidos urbanos son confinados en rellenos sanitarios o basurales a cielo abierto. En este contexto, la prohibición de las bolsas de plástico comunes y la promoción y exigencia de bolsas biodegradables no tiene ningún sentido.
Mientras no se avance en programas de separación domiciliaria de residuos, recolección diferenciada, reciclado y compostaje, la solución de las bolsas biodegradables es poner un sello “verde” a algo que no lo es.
El consumo y descarte de las bolsas de plástico es parte de un problema mucho mayor, que necesita ser solucionado previamente, antes de que la biodegradabilidad de las bolsas juegue un papel realmente útil y positivo.
Por último, si se usaran bolsas realmente biodegradables, hay que tener en cuenta que la materia prima proviene, en gran parte, de cultivos destinados a la producción de alimentos (maíz, papa, trigo, etc.). Como ya sucede con los biocombustibles provenientes de cultivos energéticos (soja, maíz, etc.), una de las cuestiones clave del consumo masivo a nivel mundial de estas bolsas es que esta demanda puede generar una nueva competencia por el suelo. Esta nueva disputa con los usos tradicionales de los cultivos resulta a primera vista peligrosa ya que puede afectar la oferta y los precios, con su consecuente impacto en la industria alimenticia y en el acceso a los alimentos para el público en general.
Por otro lado, presentar a las bolsas biodegradables como una solución al problema promueve continuar con el consumo irresponsable de las mismas.
Fuentes: Greenpeace Argentina, INTI, , Journal of Polymer Environment, European Bioplastics, Bioplastics magazine.


Autor
Claudio Jose Minoldo

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