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“El evangelio que no se incultura no llega, no sirve, no toca a nadie”

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Un centenar de personas disfrutó del espectáculo que el sacerdote correntino Julián Zini ofreció con su conjunto Neike Chamigo en el salón municipal de Sinsacate, el pasado martes.

Julián Zini es sacerdote pero, antes que eso, es una persona comprometida con el prójimo y con la tierra. Invitado por residentes del Litoral, vino a presentar su espectáculo “La vida dicha hermosamente” que combina versos y canciones con un mensaje profundamente esperanzador. Antes de ofrecer el show de casi dos horas de duración accedió a mantener un diálogo con Primer Día.

¿Cómo se lleva con la cuestión de haber llegado a cierta edad y tener un reconocimiento que excede lo que pueda decir internet de usted?
- Tuve la suerte de que mi sacerdocio naciera con el Concilio Vaticano II y de que me hiciera cura un obispo santo para mí y para mi pueblo, que ha sido profeta, catequista, pobre, humilde, caminante e itinerante como Jesús y que nos mostró un modo de ser pastor, que era estar con la gente, estar con la vida. A mí me decía: “Julián, un pie en tu parroquia y otro pie en la diócesis o en el país”. Siempre viví trabajando para la región y con el Episcopado en los últimos documentos también. Me llaman mucho, no sé, por andar porque trabajamos mucho después del Concilio en la región. Así que somos los históricos, los que vamos quedando. Entonces, me parece que algo podemos aportar desde los rincones del interior. Tuvimos siempre teólogos que nos juntaron ya sea por la pastoral popular, por la cultura, por la religiosidad popular, o sea por el canto popular como el padre Catena, por ejemplo. Ése gran músico que reunió e hizo todo un movimiento de ese canto religioso en Argentina que a no-sotros nos permitió en nuestra diócesis, con nuestro obispo, renovar todo nuestro cancionero y hacerlo todo en nuestro ritmo, en nuestra musica y con la letra de los poetas nuestros. Es decir, todo aquel mensaje que se traía del Concilio que en algunos lados involucionó en nosotros cuajó como inculturación, es decir, poner el evangelio, sembrar el evangelio, dentro de la cultura. Como decía Juan Pablo II: “el evangelio que no se incultura no llega, no sirve, no toca a nadie”. Ése ha sido nuestro proyecto. Y como Iglesia, el proyecto de las comunidades eclesiales de base: una Iglesia comunión de comunidades. Chiquitita, personal, evangélica, comprometida. Nos criamos en ese modo de ser y de decir que hace que se ahonde el camino y aparezcan las invitaciones para ir a todos lados.

Concilio Vaticano II sigue siendo, sin embargo, un horizonte al que no hay que renunciar. Todo lo que se escribió allí ¿Tiene que ser realidad en la Iglesia?
- Decía un viejo amigo nuestro que recorre el mundo, animando las iglesias particulares, el padre Marins: “el Concilio marcó la cancha. Cuándo sale la pelota y no se juega más. Cuándo estamos afuera del juego y dónde tenemos que estar. Pero hay mucho miedo. Nosotros, los curas y los obispos, dicen que tenemos dos defectos muy serios -a veces los reconocemos, a veces nos señalan- Uno es la soberbia del poder y otro es el miedo a lo desconocido. Y eso a veces se nota demasiado y en un mundo plural, más bien ecuménico, complejo, sino tenés claro lo que marcó la Iglesia ahora en Aparecida, en el año 2007 en Brasil para todo el continente, sino tenés claro a Jesús y su proyecto y te ponés de discípulo enviado de él, vas a tener momentos muy feos en todos los aspectos. Porque se te va a volver difícil la convivencia. Entonces: o sos el servidor que fue Jesús empezando por los últimos siempre y llevando el proyecto de él a ellos y desde allí a todos, no encerrándose, o van a empezar los “crak” de andamios que se caen, es decir, ya no existe la cristiandad aunque algunos lo sostengan por ideología o por conveniencia pero todos sabemos que todo eso fue un tiempo, nos dejó valores, también tuvo problemas muy serios. No se puede evangelizar desde el poder. La cruz no necesita de la espada para anunciar el reino de Dios y, sin embargo, lo hicimos. Esas heridas son cicatrices que no terminan de cerrar en los pueblos originarios, en los pueblos criollos como nosotros. Hay un verso de una canción nuestra que dice: “si asumimos nuestra historia y renegamos de aquello que fue afrenta y atropello nos queda un triple valor: la (Virgen de) Itatí que nos hermana, el mate que es compartir, y el chamamé que es vivir la vida gracias a Dios.

La Iglesia siempre se centró en el hombre y eso está muy bien pero también tenía que ocuparse del lugar en el que vive, en su relación con el ambiente. Vemos que en ese tema hay mucho compromiso de tu parte
- Creo que hay una pata que nos faltaba porque hemos sido provindencialistas hablando de Dios padre -una cosa que ya la tenemos por los guaraníes y por los franciscanos- después vino un cristocentrismo, después un pentecalismo con el Espíritu Santo, y nos faltaba esta pata terrible que era nuestra relación con la vida, con los seres vivientes, con la madre naturaleza, con la casa común. Esto me parece fundamental. Te pongo un caso muy concreto. No puede ser que a los 70 años y encima cura tenga que ir a una clínica para bajar de peso. No puede ser que a los 70 años tenga que aprender a comer y a tomar. Esa pata me faltó. Mi interés es preparar una catequesis, una explicación de mi fe en el contacto con el cuerpo, con la tierra, con las plantas, con los animales, con el otro, con mis sentidos, como soy un ser en relación. Eso aprenderlo desde chiquitito porque eso debiera nacer con la vida.


Autor
Claudio Jose Minoldo

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